| ★ ARRIBA LOS QUE LUCHAN !!! |
(★) Brasil.- La despedida de un religioso que hizo de la tierra su altar de combate.
La partida de Frei Sérgio Görgen deja un vacío profundo en las luchas campesinas brasileñas. Dirigente histórico del Movimiento de los Pequeños Agricultores (MPA) y uno de los fundadores del Movimiento de los Sin Tierra (MST), su vida se forjó en el compromiso inquebrantable con los pueblos del campo. Su legado se resume en una frase que resonó en su despedida: "Para cambiar el mundo hay que tener coraje".
Este religioso franciscano supo tejer como pocos la espiritualidad con la militancia política, transformando la fe en herramienta de liberación. Su trabajo se extendió por más de tres décadas, al tiempo que construía organizaciones que hoy son referentes continentales en la defensa de la reforma agraria. La noticia de su fallecimiento movilizó a todo el espectro progresista brasileño, desde las bases campesinas hasta la Presidencia.
El presidente Lula expresó su pesar, definiendo a Frei Sérgio como "ejemplo e inspiración para todos nosotros". En paralelo, el PCdoB (Partido Comunista de Brasil) lo recordó con la consigna combativa: "¡Frei Sérgio, presente! ¡Ahora y siempre!". Amigos y compañeros destacaron su coherencia vital, esa capacidad única de unir el misticismo franciscano con la organización popular concreta. Su teología no era de escritorio sino de trinchera, nacida del contacto directo con los trabajadores rurales explotados por el agronegocio.
La historia de Frei Sérgio se entrelaza con los momentos cruciales de la lucha por la tierra en Brasil. Participó activamente en la resistencia contra la dictadura militar, en la construcción del MST como alternativa de poder popular, y en la defensa de la agricultura familiar frente al avance del capital transnacional. Su muerte ocurre en un contexto donde las fuerzas reaccionarias intentan revertir los avances sociales, pero su ejemplo permanece como faro para las nuevas generaciones. La reforma agraria sigue siendo bandera, y la coraje que predicó, necesidad imperiosa.




























