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¿Y QUÉ SE ESPERABA DEL CHANCHO?

| ★ NO A LA REFORMA LABORAL |

(★) Argentina.- La crisis de gobernabilidad se profundiza cuando los mismos que alimentaron al monstruo ahora se rasgan las vestiduras.

El escenario político argentino muestra sus costuras más débiles en medio de la batalla por la reforma laboral. Pablo Moyano, histórico dirigente de Camioneros, lanzó un llamado contundente a la acción directa: "Hay que hacer paro" y salir a la calle para frenar los cambios impulsados por el gobierno. Sus críticas apuntan no sólo al oficialismo sino también a la estrategia de la propia CGT y a los gobernadores que respaldan el proyecto. Al mismo tiempo, las dos CTA ya convocaron formalmente a un paro nacional con movilización para cuando se trate la reforma en el Congreso, consolidando un frente de resistencia sindical que trasciende las centrales tradicionales.
En paralelo, la arquitectura política del peronismo muestra grietas profundas. La suspensión de la reunión entre el gobernador cordobés Martín Llaryora y la CGT, que a su vez desarma la cumbre de gobernadores del CFI, revela la incapacidad de construir consensos mínimos. Los mismos dirigentes que durante años negociaron con el poder ahora enfrentan las consecuencias de haber legitimado un modelo que hoy los arrincona. La fragmentación es tal que ni siquiera pueden coordinar una respuesta unificada frente a una ofensiva que amenaza derechos laborales históricos.
La metáfora del chancho resulta perfecta: durante años alimentaron un sistema político basado en la transacción, el acomodo y la negociación espuria. Ahora, cuando ese mismo sistema produce monstruos que devoran los derechos conquistados, pretenden lavarse las manos. La culpa nunca es del chancho que come lo que le dan, sino de quienes normalizaron la corrupción del sistema representativo y vaciaron de contenido la lucha sindical. Las centrales obreras enfrentan su propia contradicción: deben movilizar a una base que desconfía de dirigentes que en muchos casos se enriquecieron "a costa de los empresarios", como señalan críticas internas. El desafío es monumental: reconstruir la credibilidad perdida al tiempo que se defiende lo poco que queda del Estado de bienestar.

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