| ★ OPINIÓN |
(★).- La izquierda latinoamericana muestra su costura más frágil ante el secuestro político de Maduro.
La captura ilegal de Nicolás Maduro en Estados Unidos ha funcionado como un termómetro preciso para medir la temperatura real del progresismo continental. Lo que debería ser un momento de unidad férrea y resistencia colectiva se ha convertido en un espectáculo de tibiezas calculadas y silencios cómplices. Mientras el imperio norteamericano ejecuta una de sus operaciones más descaradas de lawfare internacional y criminales en los cuerpos de nuestros compatriotas latinoamericanos, los supuestos líderes de la patria grande parecen más preocupados por mantener sus líneas de crédito con Washington que por defender la soberanía de nuestros pueblos.
Lula, Petro, Orsi, Ortega, Xiomara Castro y Claudia Sheinbaum han tejido una coreografía de declaraciones cuidadosamente dosificadas que no pasan del terreno de lo discursivo. Sheinbaum pide "juicio justo", ¿en serio? ... como si se tratara de un caso común, ignorando que estamos ante un bombardeo a población civil y un secuestro político de manual. La ausencia física de estos mandatarios en territorio estadounidense exigiendo la liberación inmediata de Maduro al menos hablaría más fuerte que cualquier comunicado de prensa. Es la diferencia entre quienes llevan la solidaridad en la sangre y quienes la llevan en el presupuesto de relaciones exteriores.
La histórica resistencia cubana contrasta con el pragmatismo cobarde de gobiernos que prefieren negociar migajas antes que confrontar al imperio. Esta no es solo una cuestión de valentía personal sino de coherencia histórica: el progresismo que no defiende a sus aliados cuando son atacados pierde legitimidad para hablar de integración latinoamericana. El silencio estratégico se ha convertido en complicidad tácita, y cada día que pasa sin acción concreta consolida la impunidad del poder estadounidense.
La verdadera izquierda no se mide en cumbres fotogénicas ni en declaraciones de principios, sino en la capacidad de movilización cuando un hermano pueblo es agredido. La ausencia de una respuesta contundente y unificada revela que, para algunos, el "progresismo" es más una etiqueta de marketing político que un compromiso con la liberación continental. Mientras Cuba mantiene firme su postura histórica, otros prefieren calcular costos políticos antes que defender principios. Así se escribe la historia: con hechos, no con discursos.