(★) .- El ícono de los derechos civiles que desafió al establishment demócrata y abrió camino para Obama deja un vacío en la lucha por la justicia racial.
La noticia sacude el panorama político estadounidense: el reverendo Jesse Jackson, figura central del movimiento por los derechos civiles durante más de seis décadas, falleció a los 84 años. Su familia confirmó que murió pacíficamente rodeado de seres queridos, tras una larga batalla contra la parálisis supranuclear progresiva que padecía desde hace más de una década. Jackson había sido hospitalizado en noviembre pasado por complicaciones de esta condición neurodegenerativa.
Nacido en Greenville, Carolina del Sur, en plena era de segregación racial, Jackson emergió como uno de los discípulos más cercanos de Martin Luther King Jr., participando en las marchas de Selma a Montgomery en 1965. Estaba presente en el motel Lorraine de Memphis cuando asesinaron a King en 1968, experiencia que marcó su vida y su compromiso. "Cada vez que pienso en ello, es como arrancar una costra de una herida", confesó The Guardian en 2018.
Su legado político se forjó con dos históricas campañas presidenciales demócratas en 1984 y 1988, donde desafió las estructuras partidarias tradicionales. Fue el primer candidato en hacer de los derechos LGBTQ+ una plataforma central y construyó la Coalición Arcoíris, una alianza multirracial que transformó el Partido Demócrata. "Nuestra bandera es roja, blanca y azul, pero nuestra nación es un arcoíris", solía decir.
Jackson enfrentó controversias, incluyendo acusaciones de antisemitismo tras referirse a judíos con términos despectivos en 1984, de lo que luego se disculpó. También reconoció haber tenido una hija fuera de su matrimonio con Jacqueline Brown, con quien tuvo cinco hijos. Pero su activismo diplomático rescató a decenas de estadounidenses detenidos en el extranjero, logrando liberaciones en Siria, Yugoslavia e Irak.
Su frase emblemática "Mantengan viva la esperanza" resonó hasta sus últimos días. Jackson criticó duramente el régimen Trump, advirtiendo que "cincuenta años de derechos civiles han sido amenazados". Apoyó a Bernie Sanders en 2020 y fue testigo, con lágrimas en los ojos, de la victoria de Barack Obama en 2008, consciente de que sus campañas pioneras habían allanado ese camino histórico.
El movimiento por la justicia racial pierde a un puente entre la era de King y las luchas contemporáneas del Black Lives Matter. Jackson demostró que la esperanza no es pasiva sino una fuerza que se construye con sudor, no con lágrimas. Su ausencia deja un vacío que sólo podrá llenarse con la misma convicción colectiva que él siempre defendió: la lucha continúa porque el arco moral del universo se inclina hacia la justicia, pero hay que tirar de él.
