| ★ UN DÍA COMO HOY |
(★).- A 64 años de aquel histórico 4 de febrero de 1962, la Segunda Declaración de La Habana permanece como testimonio vibrante de la voluntad soberana de un pueblo que decidió su destino frente a las presiones imperiales.
“Porque esta gran humanidad ha dicho: “¡Basta!” y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente. Ahora en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera, irrenunciable independencia”.
Más de un millón de cubanos reunidos en la Plaza de la Revolución respaldaron con aclamación el documento proclamado por Fidel Castro, respondiendo así a las agresiones e injerencias estadounidenses que buscaban aislar a la joven Revolución. La Asamblea General Nacional del Pueblo se congregó como expresión democrática masiva frente a las maniobras de la OEA, calificada entonces como "ministerio de colonias yanquis".
El documento, que comienza evocando el testamento político de José Martí, constituye un manifiesto comunista para la América Latina de su época según la valoración del Che Guevara. Ratificó la denuncia a la sistemática injerencia del gobierno estadounidense en los asuntos internos de los países de Nuestra América, señalando al verdadero enemigo de los pueblos interesado solo en saquear sus riquezas.
En medio del cerco que se formalizaba con el bloqueo económico, la Declaración afirmaba la determinación de seguir adelante resistiendo a toda costa, porque "la patria no trabaja para hoy, la patria trabaja para mañana". Su célebre dictum —"El deber de todo revolucionario es hacer la Revolución"— sigue guiando el compromiso colectivo.
La Segunda Declaración trascendió la denuncia para convertirse en exposición nítida de los valores revolucionarios, hablando del indio y del negro, del campesino y del obrero, de los niños víctimas de la ambición capitalista. Denunció también la guerra cultural e informativa que el imperialismo libraba entonces y sigue librando hoy.
A seis décadas y media de distancia, aquel acto histórico continúa siendo estandarte de lucha y esperanza, recordándonos que las revoluciones las hacen los pueblos y que lo único que puede exportarse es el ejemplo de dignidad y resistencia.


























