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A 60 AÑOS DEL ASESINATO DEL CURA CAMILO TORRES

(★) .- Seis décadas después de su muerte en combate, el sacerdote revolucionario colombiano sigue generando controversias sobre su legado y el destino final de sus restos recién hallados.

El padre Camilo Torres Restrepo, abatido en su primer combate como guerrillero del Ejército de Liberación Nacional en febrero de 1966, cumple sesenta años de ausencia física que contrastan con su permanente presencia simbólica en la memoria colectiva colombiana. Su figura, que trascendió las fronteras nacionales para convertirse en ícono de la resistencia latinoamericana, emerge nuevamente en el debate público con el reciente hallazgo de sus restos mortales tras un prolongado misterio.
La búsqueda oficial iniciada en 2019 por la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas culminó con el descubrimiento de osamentas en el panteón militar del Cementerio Municipal de Bucaramanga. El presidente Gustavo Petro confirmó el hallazgo y prometió honores para quien considera fundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional y pionero de la Teología de Liberación en el mundo. Sin embargo, el descanso eterno del sacerdote enfrenta nuevos obstáculos institucionales y políticos.
La identificación forense ha sido particularmente compleja debido al estado de los restos, encontrados cubiertos de formol que degradó progresivamente el material genético. Tres laboratorios especializados, incluyendo uno en Estados Unidos, confirmaron la identidad mediante análisis antropométricos que evaluaron proporciones óseas, rasgos craneales y marcas anatómicas específicas. Estas técnicas complementarias permitieron establecer con certeza la identidad del cuerpo, superando las limitaciones del ADN contaminado.
La Universidad Nacional de Colombia, donde Torres fue estudiante, docente, capellán y cofundador de la primera facultad de Sociología en América Latina, preparó un espacio en la capilla Cristo Maestro para recibir sus restos. La institución educativa programó una ceremonia conmemorativa para el sexagésimo aniversario de su muerte, pero la convocatoria masiva generó reacciones encontradas. Un sector académico y político cuestionó la decisión, mientras defensores del legado académico del sacerdote insistieron en que su lugar natural de reposo debía ser precisamente ese campus donde desarrolló gran parte de su vida pública.
Joe Broderick, biógrafo australiano autor de la obra más reputada sobre Torres, ofrece una perspectiva crítica sobre la instrumentalización de su figura. El escritor, quien llegó a Colombia inspirado por el movimiento de curas rojos que seguían el ejemplo del sacerdote, señala que cada facción política ha utilizado su imagen para validar sus propias visiones, diluyendo así el significado auténtico de su legado. Broderick argumenta que Torres se convirtió en héroe precisamente por su error estratégico al unirse a la guerrilla, un acto que según él colapsó su movimiento social y redujo la lucha de izquierda a la mera acción armada.
El ELN, última insurgencia activa en Colombia, ha instrumentalizado durante décadas la imagen del sacerdote como mártir y justificación para mantenerse en armas. Sin embargo, familiares y allegados de Torres han insistido en que su cuerpo no debe convertirse en símbolo guerrillero, reclamando en cambio el reconocimiento de su trayectoria académica y pastoral. Esta tensión entre diferentes narrativas mantiene sus restos en un limbo simbólico que refleja las contradicciones no resueltas de la historia colombiana.
La complejidad del caso revela cómo las disputas sobre memoria histórica continúan dividiendo a la sociedad seis décadas después. El formol que cubría los huesos parece metáfora de los intentos por borrar rastros, mientras las instituciones estatales enfrentan dificultades técnicas y políticas para cerrar un capítulo que permanece abierto en la conciencia colectiva. Sesenta años después de su muerte, Camilo Torres sigue desafiando las simplificaciones, exigiendo una reflexión profunda sobre los caminos del cambio social y los límites de la violencia política en la construcción de naciones más justas.

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