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PORTUGAL ENFRENTA SU DILEMA HISTÓRICO: ¿NEOFASCISMO O SOCIALDEMOCRACIA ESTÉRIL?

| ★ POLÍTICA |

(★) Portugal.- La segunda vuelta presidencial portuguesa expone las grietas de un sistema político agotado

Las encuestas de la Universidad Católica revelan el panorama: António José Seguro lidera con el 70% frente al 30% de André Ventura. Al tiempo que los números parecen darle una victoria cómoda al candidato socialista, la realidad es más compleja. Ventura representa la avanzada neofascista que resurge en Europa, con su discurso de "cuarta república" y referencias explícitas a Salazar. Por otra parte, Seguro encarna esa socialdemocracia desgastada que promete continuismo sin transformaciones reales.
El análisis de votos muestra cómo el sistema tradicional se desmorona. Ventura captura el voto masculino (54%) y de menor escolaridad, al tiempo que Seguro domina entre mujeres (67%) y universitarios (71%). Esta polarización no es casual: refleja el hartazgo con décadas de políticas neoliberales que ahora enfrentan su contraparte reaccionaria. Los datos indican que el 86% de quienes votaron al Chega en legislativas mantienen su apoyo a Ventura, demostrando la solidez de su base ultraderechista.
La reflexión política es clara: ni el neofascismo de Ventura ni la socialdemocracia estéril de Seguro ofrecen salidas reales para la crisis sistémica. El voto en blanco, aunque planteado por algunos sectores liberales como opción de protesta, tampoco constituye alternativa transformadora. Portugal necesita superar este falso dilema entre dos proyectos que, en esencia, defienden variantes del mismo orden establecido. La verdadera batalla está por librarse más allá de estas elecciones presidenciales.

PORTUGAL: LA DEMOCRACIA SE JUEGA EN SEGUNDA VUELTA

| ★ POLÍTICA |

(★) Portugal.- La ultraderecha amenaza con conquistar el Palacio de Belém en una histórica segunda vuelta.

Portugal vive un momento histórico que rompe cuatro décadas de tradición política. Por primera vez desde 1986, las elecciones presidenciales necesitarán una segunda vuelta el 8 de febrero, enfrentando al socialista António José Seguro con el ultraderechista André Ventura del partido Chega. Los resultados del primer turno muestran una sociedad profundamente dividida: Seguro obtuvo 31,13% de los votos, Ventura alcanzó 23,49%, el candidato de centro-derecha João Cotrim Figueiredo se quedó en tercer lugar con 15,99%.
La fragmentación política portuguesa se manifiesta con crudeza. Ventura, líder del Chega, construyó su plataforma sobre discursos antiinmigración y anticorrupción, posicionándose como la segunda fuerza política del país. Su retórica confrontacional ya se dejó sentir en la noche electoral cuando atacó al socialista acusándole de defender "más impuestos, más burocracia y más inmigración descontrolada".
Pero el escenario presenta una dinámica sorprendente: figuras notables de la derecha tradicional -del PSD, CDS-PP e incluso la Iniciativa Liberal- están declarando su apoyo a Seguro en lo que se perfila como un "voto anti-Ventura". Este movimiento transversal revela el rechazo de sectores conservadores al proyecto extremista del Chega, generando una alianza defensiva de la democracia que trasciende las tradicionales divisiones izquierda-derecha.
La elección ocurre en un contexto de gobierno semipresidencial donde el presidente tiene poderes limitados pero cruciales en momentos de crisis: comanda las Fuerzas Armadas, puede disolver el Parlamento y destituir gobiernos. La salida de Marcelo Rebelo de Sousa después de una década en el cargo abre un vacío que la ultraderecha pretende llenar.
La segunda vuelta se transforma así en un plebiscito sobre el modelo de sociedad portuguesa. Seguro convocó a "todos los demócratas y progresistas a unirse contra el odio y la discriminación", por lo cual la derecha moderada enfrenta su propia disyuntiva: apoyar al extremista o al socialista. El 8 de febrero no solo elegirá un presidente, sino que definirá si Portugal mantiene su tradición democrática o se suma a la ola reaccionaria que recorre Europa.

LA FUERZA DE LA CALLE PORTUGUESA: UNA LECCIÓN PARA ARGENTINA

| ★ POLÍTICA | TRABAJADOR@S |

(★) Portugal.- Mientras Milei avanza con su DNU y la reforma laboral argentina, Portugal muestra cómo se construye resistencia desde abajo.

La primera huelga general en 12 años paralizó Portugal este 11 de diciembre con una fuerza histórica. Más de tres millones de trabajadorxs respondieron al llamado conjunto de CGTP y UGT contra el paquete laboral del gobierno de Luís Montenegro. La movilización superó todas las expectativas: transporte público colapsado, hospitales con adhesiones del 90-100%, industrias clave como Autoeuropa completamente detenidas, y ciudades como Lisboa y Porto convertidas en "ciudades completamente desnudas", según describió el secretario general de la CGTP.
Aquí está la clave que Argentina debería mirar: mientras Milei busca atomizar la resistencia con medidas de shock, Portugal muestra el poder de la unidad sindical transversal. La CGTP y la UGT -centrales históricamente enfrentadas- convocaron juntas por primera vez desde 2013. No fue un gesto simbólico: lograron parar desde la recolección de residuos hasta la producción automotriz, desde la salud pública hasta la logística de supermercados.
Lo más significativo: la huelga se extiende. Sindicatos de enfermerxs, técnicxs de salud y trabajadorxs de impuestos prolongaron la paralización al 12 de diciembre. El Sindicato Democrático de Enfermerxs denuncia específicamente cómo la "bolsa de horas" y la "adaptabilidad" del proyecto laboral "comprometen seriamente la vida personal y familiar porque nunca saben con lo que cuentan". Exactamente el mismo discurso precarizador que escuchamos en Argentina.
Portugal enseña que contra reformas laborales regresivas, la respuesta efectiva es la coordinación masiva y sostenida. Mientras el gobierno portugués intenta minimizar la adhesión llamándola "inexpresiva", la realidad muestra hospitales sin radiografías, maternidades paralizadas y ciudades fantasma. Argentina, con su tradición de lucha sindical, debería mirar este ejemplo: cuando la patronal y el gobierno avanzan juntos, sólo la unidad amplia de la clase trabajadora puede frenarlos. La extensión de la huelga al sector público portugués demuestra que la resistencia no se agota en un día -se organiza para persistir.