jueves, 15 de enero de 2026

¿DÓNDE QUEDÓ EL SUEÑO BOLIVARIANO?

| ★ OPINIÓN |

(★).- La promesa revolucionaria que ilusionó a América Latina hoy no solo muestra grietas: ha sido dinamitada desde sus cimientos.

El proyecto iniciado por Hugo Chávez emergió como un faro de esperanza para los pueblos oprimidos de Nuestra América. Su ideario planteaba una transformación radical: soberanía energética, redistribución de la riqueza, integración latinoamericana y construcción de un socialismo del siglo XXI que superara las desigualdades históricas. La nacionalización del petróleo, las misiones sociales y la creación de alternativas como el ALBA representaron intentos concretos de construir otro mundo posible.
Pero la madrugada del 3 de enero de 2026, ese sueño fue literalmente bombardeado. En una operación militar sin precedentes, Estados Unidos atacó Caracas y otras regiones del país, destruyendo infraestructura civil y militar, y secuestrando al presidente Nicolás Maduro y a la primera combatiente Cilia Flores, quienes fueron trasladados a Nueva York para ser juzgados bajo acusaciones de “narcoterrorismo”. Más de cien personas murieron en el ataque, y el país quedó sumido en el caos y la incertidumbre.
Este hecho no solo marca el fin de la retórica antiimperialista que caracterizó al chavismo durante décadas, sino que también expone una verdad incómoda: el proyecto bolivariano fue incapaz de defender su soberanía frente al imperio que tanto denunciaba. La “extracción directa” de su líder, como la llamaron los estrategas estadounidenses, no fue solo una humillación militar, sino también un símbolo del colapso político y moral del proceso revolucionario.
En los días posteriores, Estados Unidos anunció que “gobernará” Venezuela hasta que se organice una “transición adecuada”, y dejó entrever que su objetivo incluye el control directo de los recursos petroleros del país. Esta nueva fase de intervención abierta y sin disimulos ha sido recibida con una inusual pasividad por parte de las autoridades venezolanas, lo que ha generado fuertes críticas incluso dentro del chavismo. ¿Dónde quedó la promesa de resistencia hasta el final? ¿Dónde el “patria o muerte” que se gritaba en cada plaza?
La dependencia petrolera que Chávez juró superar sigue siendo el talón de Aquiles del país. Ahora, en lugar de usar ese recurso para financiar la transformación social, el gobierno parece dispuesto a entregarlo a cambio de una supuesta estabilidad impuesta por quien lo saqueó durante siglos.
¿Se está convirtiendo Venezuela en un protectorado disfrazado de "transición democrática"? ¿El pragmatismo está siendo usado como excusa para entregar lo que costó tanto defender? La revolución bolivariana, que una vez desafió al orden mundial, hoy parece doblegarse ante él, sin siquiera ofrecer resistencia simbólica.
El legado de Chávez no puede ser una foto en un portaaviones, ni una consigna vacía mientras se firman acuerdos con quien secuestra a sus líderes. América Latina observa con estupor cómo otro proceso emancipatorio es derrotado no solo por la fuerza, sino por la renuncia a su propia esencia. La lección es dolorosa: sin independencia real, sin democracia participativa y sin justicia social, las revoluciones terminan siendo solo episodios de una historia que el imperio se encarga de borrar.

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