| ★ POLÍTICA DE RESISTENCIA |
(★) Argentina.- La movilización del 7F responde al avance autoritario y los discursos de odio que se profundizaron tras el discurso de Milei en Davos.
Un año después de que Javier Milei despotricara contra el "wokismo" en el Foro Económico de Davos, equiparando la homosexualidad con la pedofilia ante CEOs y magnates, las organizaciones sociales responden con una nueva demostración de fuerza colectiva. Al tiempo que el gobierno nacional impulsa reformas laborales regresivas y modifica la Ley de Glaciares, la resistencia se organiza desde las bases.
Este sábado 7 de febrero, la Segunda Marcha del Orgullo Antifascista y Antirracista movilizará desde Plaza Congreso hasta Plaza de Mayo en Buenos Aires, con réplicas en Formosa, Chaco, Córdoba, Misiones, Río Negro, Santa Fe y Salta. La convocatoria surge de dos asambleas multitudinarias que reunieron a colectivos LGTBIQNB+, organizaciones de personas con discapacidad, trabajadoras sexuales, comunidades afro e indígenas, ambientalistas y organismos de derechos humanos.
La marcha se pronuncia contra la criminalización de la protesta social, el crecimiento de los discursos de odio y la violencia estatal contra personas empobrecidas, racializadas y migrantes. En paralelo, rechaza la reforma laboral, la modificación de la Ley de Glaciares y exige emergencia nacional por los incendios en la Patagonia. Las organizaciones señalan que el fascismo no es abstracto: se materializa en políticas como las antimigratorias del régimen Trump con el ICE en Estados Unidos, los desalojos en Buenos Aires y el saqueo del agua en Mendoza.
En Trelew, la Multisectorial "Vivas y Libres nos Queremos" convoca bajo la consigna "Que ardan sus reformas, no nuestros bosques", vinculando la defensa ambiental con la resistencia política. Esta interseccionalidad marca el carácter del movimiento: entienden el odio contra identidades trans, migrantes y pueblos originarios como expresiones de un mismo modelo que recorta salud y educación para concentrar riqueza.
Frente a la lógica neoliberal del "sálvese quien pueda", el 7F propone solidaridad como antídoto al fascismo. La consigna "Acá no sobra nadie: ninguna vida es descartable" sintetiza una visión política que rechaza el sistema de descarte global, desde la eugenesia genocida del estado de Israel hasta la persecución local de disidencias. La resistencia, así, se construye desde la diversidad y la memoria de que ningún avance autoritario queda impune cuando el pueblo organizado dice basta.

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