| ★ POLÍTICA DE SUMISIÓN |
(★) Colombia.- El presidente colombiano muestra su verdadero rostro ante el poder imperial.
Hace apenas semanas, Gustavo Petro se presentaba como el valiente denunciante de las ejecuciones sumarias del régimen Trump en el Caribe. Acusaba con vehemencia la muerte de barqueros, posicionándose como defensor de los derechos humanos frente a la maquinaria bélica estadounidense. Al mismo tiempo, hoy ese mismo Petro se sonríe servilmente en la Casa Blanca, arrodillándose ante quien antes señalaba como criminal.
La transformación es patética. El mismo hombre que hablaba de soberanía y dignidad ahora se presenta como "aliado número uno contra terroristas" ante Donald Trump. El exguerrillero convertido en lamebotas del imperio muestra su esencia pusilánime cuando enfrenta el poder real. En paralelo, su canciller García-Peña ejecuta la "silenciosa labor" de acomodar al gobierno colombiano a los designios del norte.
La reunión a puerta cerrada revela el verdadero carácter de esta administración: negociaciones secretas donde se traicionan principios por migajas de reconocimiento. Trump, según sus allegados, siente "honor" de hablar con quien antes denostaba, al tiempo que Petro abandona su retórica antiimperialista para convertirse en socio sumiso.
Esta metamorfosis política no es casualidad sino cálculo. Con meses escasos en el poder, Petro busca garantías para su salida y protección para su círculo. La "relación estratégica" que mencionan los diplomáticos no es más que la subordinación tradicional de Colombia a Washington, ahora con el sello hipócrita de un gobierno que se vendió como cambio.
El contraste es obsceno: de acusador a aliado, de crítico a colaborador. Petro demuestra que su supuesta rebeldía era pura pose, espartente de izquierda que se desvanece ante el poder real. Colombia merece líderes con coherencia, no chanta que cambia de discurso según convenga. Esta capitulación ante el régimen Trump quedará como mancha indeleble en su legado, prueba irrefutable de que algunos revolucionarios solo juegan a serlo hasta que llega la hora de arrodillarse.

















