| ★ POLÍTICA NO AL EXTRACTIVISMO |
(★) Uruguay.- La llegada del primer buque de prospección sísmica desata una ola de protestas históricas que cuestionan el modelo extractivista.
La tarde del lunes 2 de febrero quedará marcada en la memoria colectiva uruguaya como el día en que la resistencia popular se plantó ante la avanzada petrolera. Al tiempo que el buque BGP Prospector se aproximaba al puerto de Montevideo, cientos de personas marchaban desde Plaza Independencia hacia el muelle, coreando consignas que resonaban como un grito de alerta ecológico. "No confiamos en controles, pedimos nulidad absoluta", clamaban las voces de la Asamblea por un Mar Libre de Petroleras, un colectivo que ha logrado articular el descontento social frente a lo que consideran una entrega del patrimonio marítimo nacional.
La movilización no fue un hecho aislado. Durante el domingo previo, manifestaciones se extendieron a lo largo de toda la costa uruguaya, desde Carmelo en Colonia hasta Valizas en Rocha, demostrando que el rechazo a la prospección sísmica trasciende lo metropolitano para convertirse en una causa nacional. Déborah Díaz, vocera del movimiento, fue clara en su diagnóstico: "El principal reclamo es que no se lleve a cabo ninguna prospección antes de que la Justicia se pronuncie". En noviembre pasado, las organizaciones ambientales presentaron un recurso solicitando la medida cautelar de no innovar, argumentando violaciones al artículo 47 de la Constitución que consagra la protección ambiental como interés general.
El conflicto expone las tensiones entre un modelo energético que pretende profundizar la dependencia de hidrocarburos y una ciudadanía que defiende la soberanía sobre sus recursos naturales. Raúl Viñas, referente del Movimiento por un Uruguay Sustentable, advirtió sobre la urgencia con que se pretende avanzar: "Están sumamente apurados porque se terminó la feria judicial y la Justicia va a tener que decir sí o no". Por otra parte, el sector pesquero, representado por Juan Riva-Zucchelli de la Cámara de Industrias Pesqueras, alertó sobre los impactos devastadores: "Están hablando de 1.000 días de prospección en total, lo cual es una barbaridad de tiempo".
La resistencia uruguaya contra el extractivismo petrolero marca un punto de inflexión en la lucha por modelos de desarrollo alternativos. En un país que ha logrado avances significativos en energías renovables, la insistencia en buscar petróleo bajo el mar representa no solo un retroceso ambiental, sino una claudicación política frente a las corporaciones transnacionales. La batalla judicial que se avecina será determinante, pero más importante aún será la capacidad del movimiento social para mantener la presión en las calles y construir alternativas concretas al saqueo de los bienes comunes.

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