| ★ UN DÍA COMO HOY |
(★) Cuba.- La firma de la Orden Ejecutiva 3447 marcó el inicio formal de una política de asfixia económica que ha definido la relación entre Estados Unidos y Cuba durante más de sesenta años, enfrentando la resiliencia de un pueblo unido.
El 3 de febrero de 1962, el presidente John F. Kennedy estampó su firma en la Proclama 3447, oficializando el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba. Esta medida, que entró en vigor cuatro días después, desempolvó la antigua Ley de Comercio con el Enemigo de 1917, diseñada originalmente para tiempos de guerra. La estrategia, concebida fríamente según el memorándum de Lester D. Mallory, buscaba privar a la isla de recursos financieros, provocar hambre y desesperación para inducir el derrocamiento del gobierno revolucionario.
Durante más de seis décadas, esta política unilateral ha demostrado ser el bloqueo más prolongado y abarcador jamás aplicado contra nación alguna. Su carácter extraterritorial viola principios fundamentales del derecho internacional, persiguiendo el aislamiento, la asfixia y la inmovilidad de la nación caribeña. Administración tras administración estadounidense, tanto republicanas como demócratas, han perfeccionado los mecanismos de coerción, desde la Operación Mangosta hasta las leyes Torricelli y Helms-Burton.
La resistencia cubana ha sido extraordinaria. Frente a esta guerra económica, el pueblo ha demostrado una capacidad colectiva de resiliencia que desafía la lógica del asedio. Cada cubano vive cotidianamente los efectos de esta política: medicamentos que faltan, materiales escolares escasos, industrias paralizadas por falta de equipos, viviendas no construidas y transporte público sin piezas de repuesto. A pesar de estas carencias, la dignidad nacional permanece inquebrantable.
La comunidad internacional ha condenado sistemáticamente esta política durante más de treinta años mediante resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Incluso dentro de la sociedad estadounidense, voces significativas abogan por la normalización de relaciones. El bloqueo, lejos de lograr sus objetivos, ha fortalecido la unidad nacional y demostrado que la voluntad soberana de un pueblo no puede ser doblegada por medidas coercitivas, por prolongadas que sean.

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