| ★ MOVILIZACIÓN |
(★) Argentina.- Las calles argentinas volvieron a teñirse de resistencia multicolor contra el avance del odio sistémico.
La memoria histórica se reactivó este sábado cuando miles de personas en más de una decena de provincias protagonizaron la segunda Marcha del Orgullo Antifascista y Antirracista. A un año exacto del discurso de Javier Milei en Davos donde equiparó homosexualidad con pedofilia, la respuesta popular demostró que la organización colectiva sobrevive al discurso de odio oficial. En Rosario, la concentración partió desde Plaza San Martín hacia el Monumento a la Bandera, al tiempo que en Mendoza la protesta incorporó un eje ambiental crucial: la defensa del agua como bien común frente al extractivismo depredador.
Las cifras que manejan las organizaciones son alarmantes: denuncian un aumento del 70% en crímenes por identidad sexual y de género durante el último año. El documento del Frente de Orgullo Pampeano advirtió que "la punta de lanza de las ultraderechas es la naturalización del odio de género, el odio de clase y el odio político hacia los derechos humanos". La reforma laboral que se debate en el Senado aparece como otra amenaza concreta contra los sectores más precarizados, especialmente la comunidad trans y travesti que históricamente sufre exclusión laboral.
La movilización mendocina articuló las luchas disidentes con demandas ambientales históricas, rechazando proyectos extractivos que amenazan territorios y bienes naturales. Por otra parte, en Santa Rosa las organizaciones señalaron que "Javier Milei empujó a la Argentina a un estado de peligro latente" al alinearse con lo que calificaron como "gobiernos genocidas" y permitir acceso militar estadounidense en territorio patagónico. La protesta federal reunió a sindicatos como UTE y Ademys, organizaciones sociales, asambleas ambientales y agrupaciones LGBTIQ+, demostrando una convergencia inédita de luchas.
Esta segunda edición mostró que la voluntad de resistencia persiste, pero también evidenció la necesidad de profundizar la organización desde abajo. Frente a un gobierno que hace del discurso de odio ideología oficial, la calle sigue siendo el territorio donde se construye la verdadera democracia: inclusiva, diversa y con justicia social.


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