| ★ POLÍTICA |
(★) México.- El Senado discute una reducción engañosa que amplía las horas extra y niega el descanso digno.
La lucha por reducir la jornada laboral en México tiene décadas de historia, pero la propuesta que hoy discute el Senado parece más un regalo a los patrones que una conquista para la clase trabajadora. Al tiempo que se anuncia pomposamente la reducción de 48 a 40 horas semanales, el proyecto esconde trampas que podrían empeorar las condiciones laborales de millones de personas.
Las comisiones del Senado preparan para este martes la discusión de una reforma que, según activistas y expertos, contiene graves retrocesos. La iniciativa no garantiza dos días de descanso semanales, manteniendo la distribución en seis días de trabajo. En paralelo, modifica peligrosamente el concepto de jornada laboral, pasando del tiempo en el centro de trabajo al "tiempo productivo", lo que podría excluir periodos de espera o preparación.
El calendario establece una reducción gradual de dos horas anuales desde 2027 hasta alcanzar las 40 horas en 2030, beneficiando teóricamente a 13.4 millones de trabajadores. Sin embargo, la contrapartida es alarmante: se amplía el límite de horas extra de 9 a 12 semanales, distribuidas en cuatro horas diarias durante cuatro días. A la vez, se elimina el pago triple por horas excedentes, igualándolo al doble y despenalizando así la cuarta hora extra diaria.
La realidad mexicana muestra que apenas el 10% de trabajadores cobra sus horas extra, y más de una cuarta parte labora más de 48 horas semanales. Expertos como Luis Peña de EY México advierten que muchas empresas ya operan con jornadas de 55 a 60 horas, por lo que el verdadero reto no es pasar de 48 a 40, sino de 60 a 40 horas productivas.
Esta reforma, impulsada desde la presidencia de Claudia Sheinbaum pero con raíces en luchas históricas de colectivos laborales, revela la contradicción del sistema: se anuncia progreso social al tiempo que se consolida la flexibilización explotadora. Las empresas tienen hasta 2027 para ajustarse, pero la pregunta central sigue sin respuesta: ¿reducción de jornada o maquillaje neoliberal que perpetúa la sobreexplotación?

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