| ★ POLÍTICA |
(★) EEUU.- Las sobrevivientes del depredador Jeffrey Epstein exigen transparencia real mientras el establishment político juega con la gravedad del caso.
Las víctimas han enviado una carta urgente al inspector general del Departamento de Justicia denunciando que la institución viola la ley al no haber liberado todos los archivos antes del 19 de diciembre como establecía la legislación. Su preocupación central es doble: por un lado, las redacciones inadecuadas que exponen información sensible de las sobrevivientes; por otro, la ocultación sistemática de nombres de personas acusadas de participar o facilitar los abusos. El DOJ alega que solo ha publicado 12.000 documentos de aproximadamente 2 millones, justificando la demora por el volumen de material.
Paralelamente, filtraciones internacionales revelan conexiones geopolíticas escalofriantes. Los archivos vinculan a Epstein con canales diplomáticos secretos entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, sugiriendo la posibilidad de que el depredador acumulara material de chantaje contra figuras poderosas. Esta dimensión internacional transforma el caso de abuso sexual en una trama de poder global donde las víctimas quedan atrapadas entre redes de influencia.
La respuesta política estadounidense resulta vergonzosa. Un legislador republicano se burló públicamente del expresidente Trump, sugiriendo que si le dicen que los archivos Epstein están en Groenlandia "perdería el interés", durante una reunión con Dinamarca. Esta frivolidad contrasta brutalmente con el dolor de las sobrevivientes que buscan justicia.
La lucha colectiva de las víctimas choca contra un sistema diseñado para proteger a los poderosos. Mientras el DOJ emplea 400 abogades para revisar documentos, las sobrevivientes enfrentan la revictimización institucional. El caso Epstein expone cómo las estructuras de poder sexual y político se entrelazan, donde la impunidad se disfraza de burocracia y la gravedad de los crímenes se minimiza con chistes políticos. La verdadera transparencia requeriría nombrar a todos los cómplices, no solo redactar a las víctimas.

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