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(★) Argentina.- Los precios de los alimentos acumularon un aumento del 32,2% durante el año pasado, superando la inflación general y afectando especialmente a los sectores más vulnerables.
La inflación de alimentos en Argentina cerró 2025 con un incremento del 32,2%, superando en 0,7 puntos porcentuales la inflación general del 31,5%. Este dato refleja una tendencia preocupante donde los productos básicos de la canasta familiar se encarecen a un ritmo superior al promedio nacional, impactando directamente en el poder adquisitivo de los hogares. En diciembre, la inflación general fue del 2,8% y los alimentos subieron un 3,1%, marcando una diferencia significativa.
Los productos que lideraron las subas durante el año muestran un patrón alarmante. El tomate redondo registró un incremento del 74,6%, más del doble de la inflación general, pasando de aproximadamente $1.261 a $2.202 por kilo. Los cortes de carne vacuna también experimentaron aumentos extraordinarios: paleta (+56,36%), cuadril (+56,35%) y nalga (+54,49%). Otros productos básicos como café molido (+53%), banana (+50,6%), asado (+49,3%), aceite de girasol (+49,26%) y carne picada común (+48,62%) completan el cuadro de encarecimiento acelerado.
En Santa Fe, la situación fue aún más crítica. La inflación provincial acumulada alcanzó el 33% en 2025, superando la nacional, y en diciembre los alimentos subieron un 3,8%, siete décimas por encima del promedio nacional para ese rubro. Las carnes lideraron las subas con un incremento del 8% mensual, destacándose el asado con un aumento del 14,3%. En el acumulado anual, las carnes santafesinas acumularon un 54,3% de aumento.
El fenómeno inflacionario en alimentos tiene características regionales diferenciadas. Mientras en diciembre las frutas subieron un 3,4% en Santa Fe, las verduras registraron una deflación del 5,2%. Sin embargo, en el acumulado anual, las frutas acumularon un 43,6% de aumento, mostrando la volatilidad estacional que afecta a estos productos.
La inflación de alimentos representa un desafío estructural para la economía argentina, ya que afecta desproporcionadamente a los sectores de menores ingresos, que destinan la mayor parte de sus recursos a la canasta básica. La brecha entre la inflación general y la de alimentos sugiere que los mecanismos de transmisión de precios en la cadena alimentaria operan con dinámicas particulares que requieren políticas específicas (qué este gobierno se niega a implementar). La persistencia de esta tendencia amenaza con profundizar las desigualdades sociales y erosionar aún más el poder adquisitivo de los trabajadores y sectores vulnerables.

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