viernes, 9 de enero de 2026

GARRAHAN: EXPULSAN A 45 NIÑES DEL JARDÍN MATERNAL Y VIOLAN DERECHOS LABORALES

| ★ POLÍTICA  | SALUD  |

(★) Argentina.- La intervención del emblemático hospital infantil ataca conquistas históricas de trabajadoras.

El conflicto en el Hospital Garrahan no es nuevo, pero escaló a niveles alarmantes cuando la intervención actual decidió expulsar anticipadamente a 45 niñas y niños menores de 3 años del Jardín Maternal "Quiero Mimos". Esta medida arbitraria dejó a decenas de trabajadoras sin espacio de cuidado para sus hijes, vulnerando derechos laborales conquistados hace décadas. La Asociación de Profesionales y Técnicos (APyT) denuncia que se trata de una decisión política encubierta bajo argumentos presupuestarios.
Desde el 30 de diciembre hasta fines de febrero, toda la sala de 2 años quedó fuera del jardín porque la gestión del interventor Mariano Pirozzo -designado por el ministro Mario Lugones- se negó a cubrir vacantes docentes por renuncias o licencias. Norma Lezana, secretaria general del gremio, explica que las familias venían alertando desde octubre sobre esta posibilidad, pero la intervención cerró todo diálogo. El jardín funciona hace casi cuatro décadas y para muchas trabajadoras del hospital es dispositivo clave para sostener su actividad profesional.
La situación viola flagrantemente el artículo 179 de la Ley de Contrato de Trabajo, que obliga a establecimientos con más de 100 empleades a contar con salas maternales o servicios de guardería. El Garrahan tiene alrededor de 5.000 trabajadores y depende mayoritariamente del Estado nacional, por lo que el incumplimiento resulta aún más grave. El gremio ya presentó un amparo judicial mientras las familias se organizan para defender tanto su derecho al trabajo como el cuidado de las infancias.
Esta expulsión masiva de niñes revela cómo las políticas de ajuste impactan primero en los sectores más vulnerables: las trabajadoras y sus hijes. Atacar el jardín maternal no es solo recortar un "beneficio" sino destruir una conquista colectiva que garantiza derechos básicos. La solidaridad entre trabajadoras y la defensa de espacios comunitarios de cuidado se vuelven trincheras de resistencia frente a un modelo que precariza todas las dimensiones de la vida.

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