| ★ POLÍTICA |
(★) Argentina.- El gobernador chubutense mantuvo paralizados más de 600 mil dólares para prevención de incendios forestales en plena crisis ambiental.
La historia de los incendios patagónicos no es solo la del fuego que arrasa, sino la de la negligencia política que los hace más devastadores. Mientras las llamas consumen miles de hectáreas en la Comarca Andina, se revela que el gobierno de Ignacio Torres mantuvo bloqueados desde marzo de 2024 más de 600 mil dólares de organismos internacionales destinados específicamente a prevenir estos desastres. Los fondos del Fondo Verde para el Clima y la FAO estaban asignados para Epuyén, El Hoyo y Lago Puelo, justamente las localidades hoy más afectadas.
Los recursos formaban parte de un paquete mayor de 3,5 millones de dólares para toda la Patagonia, aprobados en 2021 y listos para ejecutarse en 2024. Los proyectos incluían trabajos críticos como raleos, limpieza de combustible forestal, construcción de reservorios de agua y apertura de caminos estratégicos. Puerto Patriada, el paraje donde comenzó el incendio actual, era uno de los puntos prioritarios. Expertos coinciden en que estas medidas hubieran reducido significativamente el impacto de los fuegos que hoy arrasan la región.
La responsabilidad política del bloqueo recae directamente en Torres y en su secretario de Ciencia y Técnica, Guillermo Defossé, quien además preside el CIEFAP, organismo que debía ejecutar los programas. Martín Mónaco, exdirector nacional de Bosques y redactor del proyecto original, denuncia que "se pusieron trabas que terminaron paralizándolos por completo". Esta inacción contrasta con el discurso punitivo del gobernador, que apunta a comunidades mapuches mientras desvía la atención de su propia responsabilidad.
La tragedia se profundiza al recordar que en enero de 2025 otro incendio en Epuyén destruyó 4.000 hectáreas y 75 viviendas. Para asistir a las víctimas, la provincia recibió 7.000 millones de pesos que nunca llegaron completamente a su destino, dejando a familias en condiciones inhumanas. Hoy, con nuevos incendios devastadores, queda claro que el problema no es solo el fuego, sino un modelo de gestión que privilegia el discurso confrontativo y políticas libertarias sobre la prevención colectiva, que desoye a científicos y comunidades, y que bloquea sistemáticamente los recursos diseñados para proteger a la población y sus territorios.
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