| ★ POLÍTICA DE LA DIGNIDAD |
(★) Chile.- Una institución que se convirtió en símbolo de resistencia durante la dictadura pinochetista.
En pleno invierno de los años 80, con Estado de sitio declarado, una periodista y su fotógrafo caminaban hacia el campamento Raúl Silva Henríquez cuando sintieron el cañón de una pistola en la nuca. Ese episodio de terror, relatado por primera vez por Odette Magnet, representa la cotidianidad del Chile dictatorial y la razón de ser de la Vicaría de la Solidaridad, que cumple medio siglo como referente moral en la defensa de los derechos humanos. Creada en 1976 por el cardenal Raúl Silva Henríquez, tres años después del golpe que derrocó a Salvador Allende, la Vicaría emergió como espacio de refugio clave para las víctimas de la represión política.
La institución asumió un rol fundamental de documentación, presentación de recursos judiciales y visibilización internacional de los crímenes de Estado. Al tiempo que brindaba asistencia jurídica y social, especialmente a mujeres que lideraban la búsqueda de sus familiares detenidos, se convirtió en un referente político más allá del ámbito eclesiástico. Para la Iglesia Católica misma fue algo inédito, porque no estaba preparada para una situación de violación sistemática de derechos humanos como la que se vivía en Chile bajo la dictadura.
Hoy, una exposición en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos recorre el trabajo colectivo de la Vicaría que se extendió hasta 1992. La muestra destaca el compromiso de abogados, asistentes sociales, religiosos y laicos que integraron el espacio y actuaron sin distinción de credo, militancia política o condición social de las víctimas. Su labor contribuyó de manera decisiva a preservar archivos, testimonios y antecedentes que hoy forman parte central de los procesos de verdad, justicia y memoria en Chile.
La Vicaría fue hogar y refugio para generaciones de periodistas que encontraron allí información confiable en medio de la mentira oficial. Sus colaboradores denunciaron, consolaron y demostraron una perseverancia inigualable en la defensa de los derechos humanos, arriesgando sus vidas una y otra vez frente al terrorismo de Estado. La dictadura dejó casi 40.000 víctimas, entre ellas al menos 3.200 opositores asesinados, de los cuales 1.469 fueron víctimas de desaparición forzada.
A cinco décadas de su creación, la Vicaría de la Solidaridad se levanta como símbolo de dignidad en un país que aún busca cerrar las heridas del pasado. Su legado cuestiona las narrativas neoliberales que pretenden olvidar y nos recuerda que la memoria colectiva es el antídoto contra la impunidad. En tiempos donde los discursos de odio resurgen, su ejemplo permanece como faro de resistencia ética frente a la barbarie institucionalizada.

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