| ★ POLÍTICA |
(★) Brasil.- Una conquista histórica que transformará la vida de más de 150 millones de trabajadores brasileños.
El Senado brasileño dio un paso histórico al aprobar la reducción de la jornada laboral de 44 a 36 horas semanales, un cambio que viene acompañado del fin de la extenuante escala 6x1 que mantenía a las personas trabajando seis días seguidos con apenas un día de descanso. Esta reforma constitucional, apoyada por el gobierno de Lula, representa una de las mayores conquistas sociales de las últimas décadas en el país vecino.
La transformación será gradual pero profunda: en el primer año la jornada bajará a 40 horas y durante los cuatro años siguientes se reducirá una hora anual hasta alcanzar las 36 horas semanales. Lo más significativo es que esta reducción no afectará los salarios, ya que la Constitución brasileña prohíbe expresamente el recorte remuneratorio. Las empresas deberán reorganizar sus operaciones, redistribuir turnos y, en muchos casos, contratar nueva mano de obra, lo que podría impactar positivamente en las tasas de desempleo.
La ministra Gleisi Hoffmann destacó que esta medida, junto con la reciente exención del Impuesto a la Renta para quienes ganan hasta 5.000 reales, "ayuda a garantizar calidad de vida a la mayoría de los trabajadores y trabajadoras del Brasil". Los especialistas coinciden en que las jornadas extensas aumentan los riesgos de accidentes laborales y enfermedades como el burnout, mientras que el descanso adecuado mejora la productividad y el bienestar general.
Los sectores que operan en modalidad continua -como comercio, salud e industrias- enfrentarán mayores desafíos de adaptación, mientras que actividades automatizadas o intelectuales podrán ajustarse con mayor facilidad. La transición obligará a renegociar acuerdos de banco de horas y compensación, y establece que el descanso de dos días consecutivos será la regla general, aunque actividades esenciales podrán mantener excepciones reguladas.
Esta conquista laboral no es sólo una cuestión de horas: es una reivindicación del tiempo como derecho humano fundamental. Mientras el capitalismo neoliberal intentó naturalizar la precarización y la sobrecarga laboral, la organización colectiva y la presión social lograron imponer una agenda que prioriza la vida sobre la productividad. Brasil demuestra que otro modelo es posible, donde el desarrollo se mide no sólo en PIB sino en calidad de vida, salud mental y tiempo para el cuidado, el ocio y la construcción comunitaria.
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