| ★ POLÍTICA |
(★) Brasil.-La presión social forzó al gobierno brasileño a cambiar su estrategia conciliadora y asumir una postura más combativa frente al poder económico.
El 2025 marcó un punto de inflexión en la política brasileña donde la calle recuperó su protagonismo como espacio de disputa. Tras años de fragmentación pandémica, los movimientos populares lograron una rearticulación histórica que transformó la correlación de fuerzas. La campaña por el Plebiscito Popular funcionó como catalizador, movilizando masas con consignas directas como el fin de la escala laboral 6×1 y la taxación a los superricos. Esta ofensiva unitaria demostró que la organización territorial puede imponer agenda incluso a un gobierno progresista.
La derrota parlamentaria del decreto sobre el IOF en junio evidenció el bloqueo sistemático del Congreso, convertido en "bunker de la derecha". Fue entonces cuando el gobierno comprendió que no bastaba con negociar en los pasillos del poder. Las calles, con sus actos masivos de febrero, mayo y julio, empujaron al Planalto a adoptar medidas como la exención del impuesto a la renta para quienes ganan hasta cinco mil reales. La presión popular logró lo que el diálogo institucional no conseguía.
La condena de Bolsonaro y sus generales golpistas tampoco fue espontánea: surgió de la exigencia social que impuso al Estado la necesidad de actuar. Pero el bolsonarismo sigue vivo en el Congreso, los cuarteles y la mentalidad de millones. Los movimientos advierten que la disputa por la soberanía enfrenta amenazas externas, con el imperialismo estadounidense alentando a la extrema derecha regional. La COP30 y la Cúpula de los Pueblos mostraron cómo el capitalismo intenta convertir hasta la crisis climática en mercancía, afectando especialmente a mujeres, negros y comunidades tradicionales.
El año cerró con una lección clara: sin organización popular en las calles, no hay transformación posible. Los movimientos proyectan 2026 como año de ofensiva, donde la reelección de Lula dependerá de mantener la movilización como método. La historia reciente confirma que cuando el pueblo se organiza, la política se mueve. La calle volvió a ser el termómetro de lo posible.
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