| ★ POLÍTICA |
(★) Portugal.- La izquierda moderada frena el avance extremista en las urnas lusas
Portugal respiró aliviado este domingo cuando las urnas confirmaron lo que las encuestas anticipaban: António José Seguro, el socialista moderado de 63 años, arrasó con el 66,7% de los votos frente al ultraderechista André Ventura, quien apenas alcanzó el 33,3%. La victoria no fue sólo electoral sino simbólica: el país que sufrió la dictadura salazarista hasta 1974 rechazó de plano el discurso xenófobo y antiestablishment del líder del Chega.
En su primer discurso como presidente electo, Seguro mostró el talante conciliador que caracterizó su campaña. "Los vencedores de esta noche son los portugueses y la democracia", afirmó, extendiendo incluso un gesto hacia su derrotado adversario. Al tiempo que expresó solidaridad con las víctimas de las tempestades que azotaron el país -causando el aplazamiento electoral en algunas localidades-, el nuevo mandatario enfatizó que "la esperanza no es ignorar los problemas, sino la certeza de que tenemos capacidad para resolverlos".
La contienda trascendió la tradicional división izquierda-derecha para convertirse en un plebiscito entre moderación y extremismo. Seguro, quien se autodefine como "demócrata, progresista y humanista", logró el apoyo de figuras conservadoras como el ex primer ministro Aníbal Cavaco Silva tras el primer turno. Este respaldo transversal revela el temor de las élites políticas tradicionales ante el ascenso del populismo de ultraderecha que ya convirtió al Chega en la segunda fuerza parlamentaria.
El triunfo de Seguro representa un respiro para Europa en un contexto de avance extremista continental. Portugal, que mantiene un sistema semipresidencial donde el jefe de Estado tiene poderes limitados pero significativos -incluyendo la disolución del Parlamento-, optó por la estabilidad frente a la confrontación. La derrota de Ventura, sin embargo, no significa la desaparición de su movimiento: el Chega sigue creciendo y refleja el malestar social que el neoliberalismo ha profundizado en el país.
La elección portuguesa demuestra que, cuando las fuerzas democráticas se unen frente a la amenaza autoritaria, pueden contener el avance extremista. Pero también evidencia que las causas estructurales que alimentan estos movimientos -desigualdad, crisis habitacional, precarización laboral- siguen sin resolverse. Seguro tendrá que demostrar que su "Futuro Seguro" no es solo un eslogan vacío sino un proyecto transformador que atienda las demandas populares que el sistema actual ha ignorado.

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