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LA RESISTENCIA CAMPESINA GLOBAL SE ORGANIZA FRENTE A LA CRIMINALIZACIÓN Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

| ★ VÍA CAMPESINA |

(★) Internacional.- Un panorama de movilización internacional frente a las políticas represivas y los desastres ambientales.

El año 2026 arrancó con una escalada de conflictos geopolíticos que profundizan el control corporativo sobre la tierra y los recursos naturales.
En este contexto adverso, La Vía Campesina emerge como un faro de resistencia global, articulando luchas desde América Latina hasta Asia, en defensa de la soberanía alimentaria y los derechos de quienes trabajan la tierra. La organización se prepara para la Segunda Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural en Colombia, al tiempo que denuncia la creciente criminalización de líderes campesinos en Europa.
En Francia, la represión estatal se hizo evidente cuando 52 campesinos de la Confédération Paysanne fueron detenidos durante una protesta pacífica en París. Expertos de la ONU alertaron que estas detenciones amenazan el derecho de las comunidades rurales a expresar sus quejas sin temor a represalias. Fenómenos climáticos devastadores azotaron Mozambique, Sudáfrica y Zimbabue, afectando desproporcionadamente a comunidades rurales y destruyendo cientos de miles de hectáreas agrícolas.
En Brasil, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra reunió a más de 3.000 militantes y reafirmó su lucha por la Reforma Agraria Popular. Por otra parte, en Paraguay las organizaciones campesinas rechazaron el nombramiento antidemocrático en el Instituto Nacional de Desarrollo Rural, exigiendo respeto al Estatuto Agrario. En Honduras, el Centro Nacional de Trabajadores del Campo celebró 41 años de lucha organizativa, demostrando que solo mediante la organización popular se construyen verdaderos procesos de transformación social.
En Canadá, catorce organizaciones unieron fuerzas para exigir al gobierno que escuche a los agricultores y no a las multinacionales de semillas, rechazando restricciones al derecho ancestral de guardar semillas. En Estados Unidos, Líderes Campesina continuó sus distribuciones mensuales de alimentos, combinando ayuda humanitaria con organización comunitaria. Cuba, por su parte, expresó firme rechazo a los intentos del régimen Trump de obstaculizar su desarrollo económico y social.
En África, las movilizaciones por reformas agrarias justas se intensificaron. Senegal abogó por una reforma que respete los derechos de quienes trabajan la tierra, al tiempo que Malí reforzó su compromiso con una gobernanza inclusiva y sostenible. En Uganda, el Foro de Pequeños Agricultores enfrentó la injusticia que sufren las viudas campesinas tras la muerte de sus esposos, quienes frecuentemente pierden sus tierras y medios de vida.
La solidaridad internacionalista brilló en Indonesia, donde agricultores y trabajadores metalúrgicos distribuyeron arroz a comunidades afectadas por inundaciones. En Japón, el movimiento sanchoku se presentó como alternativa cooperativa frente a las políticas que promueven la liberalización de importaciones y disminuyen la autosuficiencia alimentaria. En India, la iniciativa de agricultura natural cooperativa demostró que modelos alternativos pueden hacer sostenible la agricultura a pequeña escala.
Europa vivió un enero de intensas protestas contra el acuerdo de libre comercio UE-Mercosur, con movilizaciones en Portugal, Italia, Francia, Bélgica y España. La presión popular logró que el tratado sea revisado por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. En la región árabe, Marruecos enfrentó graves inundaciones que dejaron a comunidades campesinas en el abandono, mientras en Túnez mujeres rurales se formaron en derechos campesinos usando la Declaración de la ONU como herramienta educativa.
La resistencia campesina global muestra que frente al avance del control corporativo y la criminalización de la protesta, la organización colectiva y la solidaridad internacional siguen siendo las armas más poderosas. Cada lucha local se entrelaza en un tejido global que desafía el modelo neoliberal extractivista, reivindicando que la tierra es para quien la trabaja y que la soberanía alimentaria es un derecho fundamental de los pueblos.

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