| ★ POLÍTICA REPRESIVA|
(★) Chile.- El encuentro entre dos referentes de la derecha dura marca el rumbo de una región que retrocede en derechos.
La escena es reveladora: José Antonio Kast, presidente electo de Chile, y Nayib Bukele, mandatario salvadoreño, se fotografían juntos en San Salvador. No es un saludo protocolario. Es la consolidación de un eje político que avanza sobre América Latina con la promesa de "seguridad" a cambio de libertades. Kast califica a Bukele como "un faro de esperanza", al tiempo que el salvadoreño celebra que "Chile ha tomado el rumbo correcto". Este intercambio de halagos mutuos enmascara una realidad más profunda: la construcción de un bloque neoliberal autoritario que amenaza con sumir a la región en una oscura noche de represión y retroceso democrático.
El modelo bukelista, exportado ahora a Chile, se sustenta en el encarcelamiento masivo y el régimen de excepción permanente. Bukele defiende su política con la frase "si se perdona al lobo, se sacrifica a las ovejas", criminalizando la protesta social y justificando violaciones sistemáticas a derechos humanos. Según organizaciones como Socorro Jurídico Humanitario, al menos 470 personas murieron bajo custodia estatal durante el régimen de excepción, incluyendo pastores evangélicos, sindicalistas y cuatro menores de edad. El 94% de los fallecidos no eran pandilleros.
Kast no oculta su admiración por este sistema. Recorre el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), la megacárcel donde el régimen Trump envía deportados acusados de pertenecer a grupos criminales. "Cada uno de los que está ahí al menos asesinó a 10 personas", afirma Kast, normalizando la lógica del castigo colectivo. A la vez, anuncia que buscará "colaboración" para reformar el sistema penitenciario chileno siguiendo el modelo salvadoreño, aunque matiza que no será una "copia fiel".
Esta avanzada autoritaria se expande por la región. Costa Rica ya construye una nueva cárcel bajo el modelo bukelista, inaugurada por el propio Bukele en plena campaña electoral. En paralelo, Kast completa una gira por Centroamérica que incluyó la "verja inteligente" de República Dominicana -destinada a frenar la migración haitiana- y un encuentro con Lula da Silva donde habló de "unidad" más allá de "diferencias ideológicas". La estrategia es clara: tejer alianzas que legitimen el giro represivo.
Lo más preocupante es cómo este discurso se presenta como solución para "los más humildes". Kast afirma que "son las personas más humildes las que comienzan a sufrir con el terrorismo", utilizando la inseguridad como justificación para políticas que históricamente han afectado a los sectores populares. Bukele va más allá: "No entiendo por qué siempre se enfocan en los derechos humanos de ellos", refiriéndose a detenidos, en una clara demonización de las organizaciones defensoras de derechos.
Esta nueva ofensiva del neoliberalismo autoritario representa una amenaza existencial para los pueblos latinoamericanos. No se trata solo de políticas de seguridad, sino de un proyecto político que busca desmantelar conquistas sociales, criminalizar la disidencia y consolidar un modelo donde el Estado abandona su rol social para convertirse en aparato represivo. La noche se cierne sobre la región, y su oscuridad promete ser larga y profunda para quienes defienden la justicia social y los derechos humanos.

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