| ★ SANITARISMO |
(★) Bolivia.- ¿Cuántas muertes más se necesitan para que los sistemas de salud dejen de ser reactivos y se vuelvan preventivos?
Bolivia enfrenta una crisis sanitaria que expone las profundas fallas estructurales de su sistema de salud. Con más de 1.300 afectados y hospitales al límite de su capacidad, Santa Cruz declaró alerta máxima tras la primera muerte por chikungunya: un hombre de 80 años que representa la punta del iceberg de una emergencia que podría haberse prevenido.
Los números son alarmantes: 1.534 casos confirmados, 1.409 concentrados en Santa Cruz, seis pacientes en terapia intensiva incluyendo dos neonatos con complicaciones severas. En solo una semana, los contagios se duplicaron, revelando la velocidad de propagación del virus transmitido por el mosquito Aedes aegypti.
Las autoridades atribuyen el brote a altas temperaturas y lluvias, pero esta explicación meteorológica oculta responsabilidades políticas. ¿Por qué los sistemas de vigilancia epidemiológica no anticiparon lo que ya ocurrió en 2025 con 5.372 casos y cuatro muertes? La fumigación reactiva llega tarde cuando debería existir un plan integral de control vectorial permanente.
La sanitarista crítica observa con preocupación cómo las poblaciones más vulnerables -adultos mayores y recién nacidos- cargan con las peores consecuencias de sistemas de salud fragmentados y subfinanciados. La alerta roja debería ser permanente para las desigualdades que convierten a las enfermedades transmitidas por vectores en armas de destrucción masiva para los más pobres.

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