| ★ POLÍTICA |
(★) Brasil.- En Salvador, el movimiento campesino más grande de América Latina despliega su proyecto de sociedad alternativa frente al agronegocio.
El 14º Encuentro Nacional del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en Salvador no es solo una reunión política. Es la materialización viva de un proyecto de sociedad que desafía al agronegocio extractivista. Con tres mil militantes, el movimiento exhibe su potencia: 63 toneladas de alimentos, 518 variedades de productos y nueve toneladas en movimiento constante. Esta muestra de la Reforma Agraria Popular, con marcas como Raíces del Campo, Tierra Libre y Café Guaií, demuestra que otra economía es posible, basada en la cooperación y la agroecología. La Unión Nacional de Cooperativas (Unicrab), nacida en 2025, articula 200 cooperativas y unas 1.900 asociaciones, mostrando una fuerza productiva organizada que prioriza alimentos sanos y combate el hambre.
Pero la soberanía va más allá del plato. En paralelo a la feria, el Espacio de Salud María Aragão despliega la trinchera sanitaria del movimiento. Lejos de la lógica hospitalocéntrica y farmacéutica, la salud popular se entiende como práctica política de autonomía. Agentes populares de salud, formados en agroecología, rescatan saberes ancestrales sobre plantas medicinales. Como relata Dona Telma Maria, militante de 16 años, fue dentro del MST donde revivió el conocimiento de su abuela benzedeira. La cura viene del quintal, de la tierra conquistada.
El diputado Mauro Rubem, presente en el encuentro, denunció con crudeza el modelo hegemónico: "La economía verde repite viejas lógicas neocoloniales. No es transición energética, es transacción a servicio del mercado". Su diagnóstico es claro: no hay justiça climática sin enfrentar al capitalismo y fortalecer la agroecología. El MST encarna esa respuesta concreta, integrando producción de alimentos sanos, cuidado de los territorios y salud comunitaria. Su lucha demuestra que la verdadera transición ecológica no se negocia en cumbres corporativas, sino que se siembra, se cosecha y se cura en los asentamientos, como un acto colectivo de resistencia y soberanía.

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