| ★ EDITORIAL |
(★) @SR.ar.- Mientras los medios venden paraísos artificiales, los pueblos construyen resistencia en las calles
Parece que Zygmunt Bauman tenía razón: "Ya no somos lo que hacemos, sino lo que compramos". Pero lo que el filósofo no anticipó es que los medios masivos convertirían esta máxima en un bombardeo permanente de turismo como noticia, pletórica de felicidad y familia, al tiempo que ocultan u opacan sistemáticamente las luchas que realmente transforman sociedades. Mientras las pantallas muestran playas paradisíacas y experiencias empaquetadas, en Bolivia los mineros estatales enfrentan con dinamita un decreto que dispara los combustibles 160%, en Argentina las comunidades wichi resisten con machetes a usurpadores armados, y en Chiapas el zapatismo cumple 32 años construyendo "otra forma de ser felices" basada en autonomía comunitaria, no en consumo.
En esta Argentina en la cual los Sturzenegger (que se reproducen en cada esquina) declaran "héroes de la producción" a quienes fugan dólares vacacionando en Punta del Este, a la vez que en un acto el gobierno de Milei crea una policía secreta con poder de detención y desmantela la educación pública con el presupuesto universitario más bajo desde 2005. Aquí los medios hegemónicos celebran la fuga turística como patriotismo económico, y silencian (o como aquellas noticias que "aburren" anuncian al pasar) que el 85% de los nuevos empleos son informales y que los trabajadores precarizados ganan 57% menos que sus pares registrados.
Esta distorsión informativa no es inocente. Cuando Bloomberg Línea calcula minuciosamente cuánto le cuesta a una empresa colombiana un trabajador con salario mínimo, pero omite que 24 millones de personas mejorarán sus ingresos, está operando como aparato ideológico del capital. Cuando los grandes medios naturalizan que vacacionar en Uruguay sea "acto patriótico" (y hacer la cola para embarcar un acto de angélica y merecida bienandanza) pero criminalizan la protesta ambiental contra la modificación de la Ley de Glaciares, están construyendo una ciudadanía pasiva, consumidora de imágenes antes que protagonista de su historia.
La verdadera felicidad, la que no se agota al terminar el viaje, se construye en las calles de La Paz donde la Central Obrera Boliviana lidera protestas masivas, en los territorios autónomos zapatistas donde se practica el "mandar obedeciendo", en las asambleas populares brasileñas que empujaron a Lula a enfrentar a las élites. Mientras el turismo vende identidades desechables, los pueblos organizados construyen soberanía: Cuba resiste 67 años de bloqueo con solidaridad internacional, Haití carga 222 años con la deuda por atreverse a ser libre, las comunidades indígenas/campesinas defienden glaciares que perdieron 36% de su superficie por el extractivismo.
Bauman diagnosticó la "trampa de la satisfacción", pero no vivió para ver cómo los medios convertirían esa trampa en noticia permanente. La felicidad no tiene precio de paquete turístico: se teje en la solidaridad que sostuvo al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, en la organización obrera que hoy lleva a juicio a Molinos Río de la Plata por entregar trabajadores a la dictadura, en la resistencia que hace temblar al mundo de arriba cuando los de abajo se miran de frente. Los medios venden destinos, los pueblos construyen destino.
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