| ★ EDUCACIÓN |
(★) Argentina.- Una docente santafesina con 26 años de experiencia lanzó una carta abierta al gobernador Maximiliano Pullaro que expone la cruda realidad del sistema educativo provincial.
Patricia Del Carmen Mendieta, con una década en gestión institucional, desarma el discurso oficial sobre el "fracaso" de la escuela pública. "La escuela pública no fracasa: la atacan", afirma Mendieta en su escrito, donde describe cómo el sistema resiste "presupuestos miserables, salarios indignos y aulas sobrecargadas". La docente señala que cuando se habla de fracaso escolar, en realidad se busca "desresponsabilizar al Estado y disciplinar la esperanza". La carta destaca que las escuelas funcionan como "último dique de contención de una sociedad rota", recibiendo problemáticas como hambre, violencia y pobreza estructural.
Mendieta interpela directamente al gobernador: "Cuando una maestra no llega a fin de mes, no fracasa ella: fracasa el Estado que usted conduce". La docente advierte que "la vocación no es infinita y la dignidad no se negocia", en un llamado urgente antes de que "sea tarde".
Compartimos el documento íntegro:
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CARTA ABIERTA AL GOBERNADOR PULLARO
De: Patricia Del Carmen Mendieta. (Docente)
Con 26 años frente a alumnos y 10 años de gestión institucional me asiste el derecho y la responsabilidad social y ética de interpelarlo.
La escuela pública no fracasa: la atacan
Cada vez que escucho decir que la escuela fracasó, sé exactamente de qué están hablando.
No hablan de educación.
Hablan de desresponsabilizar al Estado y de disciplinar la esperanza.
Porque cuando dicen que fracasó la escuela, en realidad están diciendo que fracasó la escuela pública.
Y eso no es inocente.
Es político.
La escuela pública no fracasa.
La escuela pública resiste el abandono.
Resiste presupuestos miserables.
Resiste salarios indignos.
Resiste aulas sobrecargadas.
Resiste gobiernos que la usan de chivo expiatorio mientras ajustan.
Resiste discursos que la desprestigian para justificar su vaciamiento.
La escuela pública no es el problema:
es el último dique de contención de una sociedad rota.
Ahí llegan todos los fracasos que nadie quiere mirar:
el hambre,
la violencia,
el abuso,
el consumo,
la pobreza estructural,
la desigualdad brutal.
Y ahí están las maestras y los maestros.
Haciendo de todo.
Siendo orquesta.
Siendo madre, padre, psicólogo, médico, trabajador social.
Ocupándose del que llega dormido porque trabajó,
del que llega dormido porque robó,
del que llega drogado,
del que llega con un arma,
del que fue violado,
del que violó
y aun así tiene derecho a estar ahí.
Porque la escuela pública no selecciona.
No excluye.
No expulsa.
Recibe.
Pienso en las maestras que hacen dedo para llegar.
En las que caminan kilómetros por el barro.
En las que enseñan en el medio del campo, entre soja y silencio.
En el Chaco santafesino.
En comunidades de pueblos originarios, en cárceles, en las islas, en los hospitales.
En la pobreza más cruda.
En la soledad más absoluta.
¿Eso es fracaso?
No.
Eso es heroísmo cotidiano, aunque no les guste esa palabra.
Si la escuela pública realmente hubiera fracasado,
millones de pibes ya estarían muertos, presos o descartados.
Pero están ahí.
Vivos.
Pensando.
Soñando, a veces.
La escuela pública no fracasa:
la sobrecargan,
la culpabilizan,
la desfinancian
y después la señalan.
Y aun así, abre la puerta todos los días.
Por eso digo claro:
atacar a la escuela pública es atacar a los sectores populares.
Es atacar el derecho a la educación.
Es atacar la idea misma de futuro.
La escuela pública está agotada, sí.
Pero no vencida.
La escuela pública resiste.
Y mientras resiste, sueña.
Y mientras haya una maestra que crea,
un maestro que no se rinda,
la escuela pública va a seguir siendo
el último lugar donde todavía importa el otro.
Gobernador Pullaro:
No le hablamos desde la comodidad.
Le hablamos desde el aula.
Desde la escuela pública que usted administra pero no habita.
No es un reclamo caprichoso.
No es ideológico.
No es un “ruido sindical”.
Es salario.
Es dignidad.
Es tiempo de vida.
Cuando una maestra no llega a fin de mes,
no fracasa ella:
fracasa el Estado que usted conduce.
Cuando un docente tiene que elegir entre comer o formarse,
entre pagar la luz o comprar materiales,
no es una anécdota:
es una decisión política.
Gobernador,
usted no está ajustando números:
está ajustando cuerpos.
Cuerpos cansados.
Cuerpos feminizados.
Cuerpos que sostienen lo que después se jactan de gobernar.
No hay calidad educativa con salarios de miseria.
No hay futuro posible con docentes empobrecidos.
No hay discurso de orden que tape la injusticia.
La escuela pública sigue abierta
a pesar de sueldos que no alcanzan,
a pesar del destrato,
a pesar del silencio oficial.
Y eso no es obediencia:
es responsabilidad ética.
Pero cuidado:
la vocación no es infinita
y la dignidad no se negocia.
Gobernador Pullaro,
escuche antes de que sea tarde.
Respete antes de exigir.
Pague lo que corresponde.
Porque cuando el Estado ajusta a la docencia,
no ahorra:
hipoteca el futuro.
Enero de 2026
Patricia Del Carmen Mendieta

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