| ★ POLÍTICA |
(★) Internacional.- El presente artículo contiene la base teórica de un análisis realizado por Etienne Chouard, publicado en Twitter.
Cuando un imperio financiero se agrieta, sus cañones buscan nuevos pozos de crudo para sostener la ficción.
La invasión a Venezuela no es una operación aislada de "restauración democrática" sino el eslabón más reciente —y acaso el más desesperado— en una cadena de agresiones militares diseñadas para preservar un privilegio único: el petrodólar. Ese acuerdo secreto de 1974 entre Henry Kissinger y la monarquía saudí, que ató la compraventa global de crudo al billete verde, convirtió la moneda estadounidense en el oxígeno del comercio mundial —un oxígeno que Washington puede fabricar en cantidades infinitas mientras obliga a otros pueblos a sudar para obtenerlo—. El sistema, un colonialismo monetario perfecto, financia portaviones, déficits y bienestar doméstico a costa de la soberanía de naciones enteras. Y tiene una ley no escrita: quien lo desafíe, será borrado. Sadam Husein lo intentó en el 2000 anunciando ventas en euros; en el 2003 fue invadido, linchado, y el petróleo iraquí volvió a cotizar en dólares. Muamar el Gadafi propuso un dinar de oro africano en el 2009; en el 2011 la OTAN lo bombardeó, fue sodomizado con una bayoneta, y Hillary Clinton se rió ante las cámaras. Ahora le toca a Nicolás Maduro, sentado sobre el 20% de las reservas probadas del planeta —303.000 millones de barriles, cinco veces más que Irak y Libia juntas—. Pero Venezuela cometió el pecado capital: desde 2018 vende activamente su crudo en yuanes, euros y rublos, eludió el sistema SWIFT con canales directos a China y pidió ingresar a los BRICS. Stephen Miller, asesor de Trump, lo dijo sin eufemismos: la nacionalización venezolana fue "el mayor robo de riquezas estadounidenses". La lógica es la del pirata: lo que una vez tocó tu empresa, es tuyo para siempre.
Sin embargo, esta vez el cañonazo puede salir por la culata. El petrodólar ya se está muriendo —Rusia vende en rublos, Arabia Saudí negocia en yuanes, China tiene su propio sistema SWIFT con 4.800 bancos— y la invasión es una confesión a gritos: el dólar ya no compite por méritos, necesita bombas para sobrevivir. Los BRICS, que controlan el 40% del PIB global, observan cómo se masacra a un socio petrolero por desertar. Cada tanque que entra en Caracas acelera la fuga hacia monedas alternativas. ¿Qué pasa cuando ya no queden países por bombardear? La historia no se repite, pero rima: Panamá, 1990; Venezuela, 2026. Mismo día, misma excusa del narcotráfico, misma sed de recursos.
¿O será que esta es la última bala de un imperio que se desangra?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu comentario es fundamental para mejorar y enriquecer este espacio. Antes de publicarlo, ten en cuenta:
- Respeto: Los comentarios ofensivos o de spam serán eliminados.
- Conversación: Intenta que tu aporte sume al tema del artículo.
- Privacidad: Evita dejar datos personales sensibles (email, teléfono) en el texto.
¡Gracias por ser parte de la conversación!