| ★ POLÍTICA |
(★) Argentina.-La erosión del poder adquisitivo alcanza niveles históricos en la Ciudad de Buenos Aires, donde los ingresos necesarios para escapar de la pobreza superan por primera vez el millón trescientos mil pesos mensuales.
Según datos del Instituto de Estadísticas y Censos porteño, en diciembre de 2025 una familia tipo compuesta por dos adultos y dos menores necesitó ingresos mensuales de al menos $1.346.876 para no caer bajo la línea de pobreza. Para ser considerada clase media, el umbral se ubicó en $2.128.461, mientras que la línea de indigencia alcanzó los $726.569. Estas cifras representan incrementos interanuales del 29% para la pobreza y del 30% para la indigencia, superando ampliamente la inflación porteña del 31,8% anual.
El panorama se agrava cuando se analiza el impacto acumulado de dos años de política económica. Los empleados públicos nacionales sufrieron una pérdida real del 33% de su poder adquisitivo desde fines de 2023, mientras que los trabajadores del sector privado formal terminaron 2025 con ingresos prácticamente estancados en niveles de noviembre de 2023. La derogación de la Ley de Alquileres provocó que el costo de la vivienda consumiera hasta el 73% de un salario promedio, estabilizándose luego en un 45%, muy por encima de los promedios históricos.
Las tarifas de servicios públicos alcanzaron niveles récord en relación a los ingresos, equiparables a los registrados durante la Convertibilidad, mientras que la "canasta de movilidad" (transporte y combustible) ganó un peso sin precedentes en el bolsillo de los argentinos. Este cambio estructural alteró profundamente los patrones de consumo, forzando a las familias a destinar recursos a necesidades básicas cuyo precio se disparó, en detrimento de artículos como indumentaria o equipamientos del hogar.
La dieta de los argentinos muestra una sustitución regresiva hacia alimentos más accesibles pero de menor calidad nutricional. Con un salario promedio, hoy se puede adquirir casi un 30% menos de café y un 13,7% menos de carne que antes del cambio de gobierno, mientras que el acceso a harina, fideos, arroz y azúcar aumentó significativamente, en algunos casos superando el 120%.
La única mejora sostenida en este escenario fue la Asignación Universal por Hijo, que constituye la excepción dentro de un panorama generalizado de pérdidas. Los datos revelan una economía donde la moderación inflacionaria no se tradujo en bienestar, sino que consolidó un modelo donde los salarios perdieron terreno frente a tarifas, alquileres y servicios, empobreciendo la dieta y comprometiendo el futuro de la mayoría de los trabajadores mientras se profundizan las desigualdades en el acceso a bienes esenciales.
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