| ★ POLÍTICA |
(★) Venezuela.- La geopolítica del petróleo vive un giro dramático con Washington apretando las tuercas del comercio energético venezolano.
La administración Trump ha impuesto un bloqueo naval que está estrangulando las exportaciones de crudo venezolano hacia China, su principal comprador histórico. Dos barcos chinos llegaron recientemente a Venezuela y tuvieron que regresar vacíos, evidenciando la efectividad de la medida coercitiva estadounidense. Estados Unidos ha incautado cinco buques vinculados a Venezuela desde diciembre, generando un efecto disuasivo masivo entre las navieras internacionales.
Las cifras son contundentes: las exportaciones venezolanas a China caerán de 642.000 barriles diarios en 2025 a apenas 166.000 barriles diarios a partir de febrero, un desplome del 75%. Solo tres petroleros lograron partir hacia Asia tras la incursión militar estadounidense del 3 de enero que capturó a Nicolás Maduro, transportando unos 5 millones de barriles entre fueloil y crudo pesado Merey.
El control estadounidense sobre los flujos petroleros venezolanos se consolida con empresas como Vitol y Trafigura comercializando ahora el crudo bajo mandato de Washington, destinándolo a refinerías indias y a la estatal china CNPC para marzo. Esta reconfiguración comercial afecta especialmente a las refinerías independientes chinas, conocidas como "teteras", que procesaban el petróleo venezolano para betún de carreteras.
La estrategia de Trump incluye incluso preparar argumentos legales para declarar "deudas odiosas" los 60.000 millones de dólares en préstamos chinos a Venezuela, buscando anular las obligaciones financieras. China, sin embargo, se había aprovisionado previamente con millones de barriles en tránsito, lo que le da cierto margen de maniobra.
Este bloqueo petrolero representa una nueva fase en la guerra económica contra Venezuela, donde el control de los recursos energéticos se convierte en instrumento de dominación geopolítica. La soberanía energética latinoamericana enfrenta su prueba más dura bajo la lógica del poder imperial que rediseña los flujos comerciales según sus intereses estratégicos. Por ahora, los gobiernos latinoamericanos (salvo Cuba) no muestran poder ni resolución para imponer sus decisiones soberanas. Por ahora, sólo por ahora sólo queda la retórica.
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