| ★ POLÍTICA Y ARTE |
(★) México.- La estética insurgente que desafía la colonialidad del poder.
En entrevista del medio desinformemonos.org a Francisco De Parres Gómez (por Jan Blažek) se expresa que la experiencia zapatista ha demostrado durante décadas que la política y el arte no son esferas separadas, sino dimensiones entrelazadas de una misma lucha por la vida digna. En las comunidades autónomas de Chiapas, la creación artística emerge como práctica vital que desafía los cánones occidentales y coloniales. Francisco De Parres Gómez, antropólogo especializado en el tema, señala que en el zapatismo "arte y política son indisolubles porque ambos comparten la tarea de producir mundos". Esta visión rompe con la concepción burguesa del arte como mercancía o espectáculo, para reivindicarlo como herramienta de construcción comunitaria.
Desde la clandestinidad de los años ochenta, las células culturales zapatistas practicaban teatro, música y poesía no como mera reproducción ideológica, sino como estrategia de cohesión social. El cine comunitario, con proyecciones de luchas internacionales reinterpretadas colectivamente, mostraba ya esa potencia simbólica que caracterizaría al movimiento. Hoy, frases como "Nos cubrimos el rostro para que nos vieran" condensan una visión del mundo que se encarna en murales, canciones, danzas y vestimenta cotidiana.
Lo revolucionario de esta propuesta estética radica en su descolonización radical. A diferencia del muralismo mexicano patrocinado por el Estado posrevolucionario -que funcionaba como mecanismo de reproducción ideológica desde arriba-, el arte zapatista emerge desde las bases comunitarias. Recupera el sentido original de aísthēsĭs: las formas de sensibilidad mediante las cuales conocemos y construimos el mundo. En los territorios autónomos, cualquiera puede ser "campesino por la mañana, pintor por la tarde", desafiando la división capitalista entre trabajo manual e intelectual.
Esta estética insurgente viaja más allá de las fronteras de Chiapas, inspirando colectivos artísticos en Europa y movimientos indígenas en todo Abya Yala. Su internacionalismo simbólico -hecho de imágenes, colores y gestos- fortalece la idea de que el arte no es secundario en la lucha política, sino una de sus formas más potentes de expansión. Frente a la necropolítica capitalista que mercantiliza hasta los cuerpos, el zapatismo propone una aesthesis in-surgente donde la creación artística se funde con la defensa del territorio y la reproducción de la vida comunitaria.

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