| ★ POLÍTICA | REFORMA ESCLAVISTA |
(★) Argentina.- La central obrera se sienta con el gobierno de Milei mientras la reforma esclavista avanza.
La historia se repite como tragedia. Mientras el gobierno de Javier Milei impulsa una reforma laboral que precariza derechos históricos, la CGT decide negociar modificaciones en lugar de convocar a la resistencia masiva. Patricia Bullrich, jefa del bloque oficialista en el Senado, confirmó que desde el 16 de enero una comisión técnica analizará las observaciones de la central obrera y entidades empresariales. El objetivo es claro: lavarle la cara a una norma que busca flexibilizar despidos, limitar indemnizaciones y reducir la protección laboral.
El gobierno despliega su maquinaria clientelar para comprar voluntades. Diego Santilli recorre provincias con la chequera en mano, repartiendo Aportes del Tesoro Nacional a cambio de apoyos. Catamarca recibió $10.000 millones, Chaco $11.000 millones, Chubut $9.500 millones, Misiones $12.000 millones y Tucumán la friolera de $20.000 millones. Estos "incentivos" buscan seducir a gobernadores peronistas díscolos como Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y Hugo Passalacqua, quienes podrían traicionar a su propia base electoral.
La CGT, en lugar de organizar la lucha en las calles, se limita a presentar "observaciones" técnicas. Bullrich lo dijo sin tapujos: "Ellos quieren hablar, nosotros estamos dispuestos a hablar. Pero el diálogo tiene que ser sobre la base de un cambio, no sobre la base del status quo". Traducción: acepten la flexibilización o no hay negociación. Mientras tanto, la central obrera ya mostró su debilidad al aceptar que se discutan cambios en las cuotas sindicales, el financiamiento vital de las organizaciones gremiales.
La estrategia oficial es dividir y conquistar. Santilli busca romper el frente opositor seduciendo a gobernadores de Provincias Unidas como Ignacio Torres de Chubut, quien aún no definió su posición (quizás porque aún no recibió su prevenda). El gobierno juega con la necesidad de las provincias, ofreciendo pagar deudas previsionales a cambio de votos. Esta reforma no es modernización sino regresión: según cálculos de la oposición, las provincias perderían $1,7 billones en fondos coparticipables si se aprueba.
La lección es clara: cuando la CGT negocia a puertas cerradas con un gobierno que desprecia los derechos laborales, los trabajadores siempre pierden. La historia argentina está plagada de traiciones sindicales que cambiaron concesiones por prebendas. Hoy, mientras el desempleo crece y las empresas despiden masivamente, la dirigencia gremial prefiere el diálogo cómplice antes que la movilización popular. La verdadera resistencia no vendrá de las cúpulas negociadoras sino de la organización desde abajo, de las asambleas en los lugares de trabajo y de la solidaridad entre quienes sufren los efectos de este modelo de exclusión.
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