| ★ POLÍTICA |
(★) EEUU.- El mandatario estadounidense enfrenta una tormenta perfecta entre denuncias constitucionales y aventuras bélicas no autorizadas.
La administración del pedófilo Trump navega aguas turbulentas con dos crisis simultáneas que amenazan su estabilidad. Por un lado, el ataque militar contra Venezuela ejecutado sin consulta al Congreso generó una reacción furiosa del ala demócrata, que ya habla abiertamente de juicio político. Por otro, el propio presidente muestra pánico ante las próximas elecciones legislativas, reconociendo que una derrota republicana abriría la puerta a su destitución. Esta doble presión expone la fragilidad de un gobierno que opera al margen de los controles institucionales.
Demócratas como Delia Ramirez y Dan Goldman calificaron el ataque venezolano como "violación constitucional" que merece impeachment. La operación incluyó bombardeos y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, acciones realizadas sin notificación previa al Comité de Asuntos Exteriores. Gregory Meeks, alto miembro demócrata, declaró que se enteró por los medios, no por canales oficiales. Incluso republicanos como Brian Fitzpatrick cuestionaron la lógica intervencionista, señalando que Estados Unidos debería "dirigir" solo su propio territorio.
Trump intenta justificar el secreto argumentando que el Congreso "tiende a filtrar" información, pero esa excusa no convence a legisladores que ven en Venezuela una escalada peligrosa. Paralelamente, en retiros partidarios, el presidente admitió su vulnerabilidad: "Tienen que ganar las elecciones intermedias porque si no, encontrarán una excusa para destituirme". Su miedo tiene fundamento histórico: tras perder la Cámara en 2018, enfrentó dos procesos de destitución.
Esta coyuntura revela cómo el aventurerismo militar y las tensiones domésticas se retroalimentan. Trump busca proyectar fortaleza con acciones unilaterales en el exterior, pero esas mismas decisiones debilitan su posición interna al violar procedimientos democráticos. La solidaridad internacional con Venezuela, evidenciada en movilizaciones globales, contrasta con el aislamiento creciente del mandatario en su propio país. El fantasma del impeachment resurge no como amenaza abstracta, sino como consecuencia directa de un estilo de gobierno que desprecia los equilibrios de poder.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu comentario es fundamental para mejorar y enriquecer este espacio. Antes de publicarlo, ten en cuenta:
- Respeto: Los comentarios ofensivos o de spam serán eliminados.
- Conversación: Intenta que tu aporte sume al tema del artículo.
- Privacidad: Evita dejar datos personales sensibles (email, teléfono) en el texto.
¡Gracias por ser parte de la conversación!