| ★ POLÍTICA |
(★) Argentina.- La memoria ambiental se mantiene viva frente al extractivismo que nunca paga sus crímenes.
El Río de la Plata aún carga con las cicatrices de aquel 15 de enero de 1999, cuando más de cinco millones de litros de petróleo se derramaron frente a las costas de Magdalena. Veintisiete años después, la multinacional Shell sigue evadiendo su responsabilidad en el mayor desastre de contaminación por hidrocarburos en agua dulce registrado en la historia. La lucha colectiva, sin embargo, no se detiene: este sábado 17 se realizó una jornada de visibilización con radio abierta y actividades artísticas que mantienen viva la exigencia de justicia ambiental.
La colisión entre el buque petrolero "Estrella Pampeana" de Shell y el portacontenedores "Sea Paraná" generó una mancha de treinta kilómetros que, impulsada por una sudestada, penetró dos kilómetros tierra adentro, contaminando humedales y arroyos. A pesar de la evidencia dantesca, la empresa británica-holandesa solo realizó un simulacro de limpieza durante algunos días y luego abandonó la zona a su suerte. La causa judicial gira en torno a una oferta de 9,5 millones de dólares que la compañía presentó como "acuerdo", pero que aún espera homologación judicial.
En paralelo, la resistencia comunitaria logró hitos significativos. En agosto de 2025, el Concejo Deliberante de Magdalena aprobó la ordenanza que declara al 15 de enero como "Día de la Catástrofe Ambiental por el Derrame de Petróleo en el Río de Magdalena". Esta efeméride oficial busca promover actividades educativas y de concientización sobre la protección de ecosistemas costeros amenazados por el accionar depredatorio de las corporaciones extractivistas. Al tiempo que se institucionaliza la memoria, el documental "La teoría del derrame – Educación ambiental, memoria y no justicia en Magdalena", dirigido por José Luis Meirás, circula en YouTube como herramienta de difusión masiva.
La impunidad corporativa exhibe su rostro más crudo: Shell, propiedad mayoritaria de fondos de inversión como BlackRock y Vanguard, opera en Argentina desde 1914 acumulando ganancias astronómicas mientras externaliza los costos ambientales. El plebiscito de 2009, donde solo participó el 30% del padrón, validó un acuerdo que muchos vecinos consideran una capitulación. Por otra parte, la lucha sigue demostrando que el activismo rinde, aunque Magdalena perdió una oportunidad histórica al esperar esos millones que desactivaron la capacidad de presión popular. La justicia ambiental no se negocia: se exige con organización colectiva y memoria activa frente a un modelo extractivista que sigue derramando impunidad sobre nuestros territorios.

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