| ★ POLÍTICA SINDICAL |
(★) Argentina.- La resistencia sindical toma las calles en una escalada que amenaza con paralizar el país.
La segunda ciudad argentina se convirtió en epicentro de la batalla contra la reforma laboral que impulsa el gobierno nacional. El Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) desplegó este martes una movilización masiva en Rosario, marcando la continuidad de un plan de lucha federal que ya había mostrado su potencia en Córdoba la semana pasada. Metalúrgicos, aceiteros, portuarios, pilotos y estatales confluyeron en las calles santafesinas con un mensaje contundente: la resistencia se radicaliza.
Daniel Yofra, secretario general de la Federación de Aceiteros, lanzó la advertencia más explosiva: "Vamos a prender fuego el país a través de una huelga por tiempo indeterminado". El dirigente, representante de uno de los gremios clave del sector agroexportador, fue tajante al afirmar que "sobran los motivos para ir a una huelga". Cuestionó que los adultos mayores sean "punta de lanza de la clase trabajadora" en esta confrontación.
La movilización rosarina se desarrolló al tiempo que en el Senado se preparaba el tratamiento del polémico proyecto. Patricia Bullrich, presidenta del bloque oficialista, aseguró que existe "acuerdo" con aliados para debatir la iniciativa este miércoles, calificándola como la "primera ley laboral de la democracia". Sin embargo, desde las calles el rechazo es total y unánime.
Los sindicatos participantes -UOM, Aceiteros, Portuarios, Pilotos, Vialidad, ATE y las dos CTA- consideran la reforma como un retroceso histórico en derechos conquistados. Yofra fue claro en definir las banderas de lucha: vivienda digna, salud, vacaciones, educación universitaria para les hijes de trabajadores, cuatro comidas diarias y posibilidad de movilidad propia. "Si no se cumplen esas condiciones, tenemos que prender fuego el país", sentenció.
La escalada del conflicto parece inevitable. Con gremios de transporte anunciando cese de actividades para este miércoles y ATE confirmando un paro de 24 horas, el escenario se complejiza. La calle se consolida como territorio de disputa principal, desplazando al Congreso como espacio de negociación. La advertencia de huelga general indefinida flota en el aire rosarino, amenazando con expandirse como reguero de pólvora por todo el territorio nacional. La clase trabajadora organizada muestra que no está dispuesta a retroceder ni un centímetro en sus conquistas históricas.

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