| ★ LUCHA DE LOS PUEBLOS |
(★) Brasil.- La movilización de 14 etnias amazónicas logra suspender el dragado del río tras protestas en Santarém.
Desde el 22 de enero, catorce etnias del Baixo y Médio Tapajós mantenían un campamento en las instalaciones de la multinacional Cargill en Santarém, denunciando lo que llaman "un proyecto de devastación ambiental disfrazado de desarrollo". Su resistencia, que parecía destinada al olvido mediático, acaba de conseguir una victoria significativa: el gobierno de Lula suspendió el dragado del río Tapajós tras intensas movilizaciones indígenas.
La decisión llegó después de una articulación entre los ministerios de Pueblos Indígenas, Secretaría General y Puertos, reconociendo la violación del derecho a consulta previa establecido en la Convención 169 de la OIT. Al tiempo que se anuncia la suspensión, se crea un grupo de trabajo interministerial para discutir el tema con participación indígena. Pero los pueblos originarios saben que esta es apenas una batalla en una guerra mayor contra lo que denominan "la lógica reduccionista y excluyente del agronegocio exportador".
El proyecto de hidrovia del Tapajós forma parte de un paquete logístico que incluye la polémica Ferrogrão (EF-170), diseñada para reducir costos de transporte de soja, algodón y maíz desde Mato Grosso hasta los puertos del norte. Según datos de la Confederación Nacional de Agricultura, las exportaciones de soja y maíz por el llamado "Arco Norte" aumentaron 487% entre 2009 y 2020, en paralelo con un crecimiento del 165% en la producción de granos en la región.
Los indígenas argumentan que estas obras representan "la materialización de un modelo antinacional y anti-vida" que acelera la deforestación, desestructura irreversiblemente los ecosistemas fluvial y condena a poblaciones enteras a la pobreza. Su lucha trasciende lo ambiental para cuestionar el modelo económico brasileño que, según críticos, profundiza la condición del país como "fazenda y mina del mundo" en lugar de promover la industrialización.
La ironía no pasa desapercibida: el mismo gobierno que organizó la COP30 en Belém ahora enfrenta acusaciones de "cinismo climático" por financiar infraestructura que expande la frontera agrícola sobre la floresta. La resistencia del Tapajós emerge así como trinchera avanzada contra un capitalismo que ve la Amazonía como stock de recursos a ser saqueado, no como complejo vivo a desarrollar en armonía. Esta victoria temporal muestra que la organización colectiva sigue siendo el principal contrapeso al extractivismo desenfrenado.

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