(★) .- El gobierno de Milei logra media sanción en el Senado con un pacto que divide a los gremios y deja a la oposición sin herramientas para frenar el avance en Diputados.
La reforma laboral del gobierno libertario avanza con una velocidad que deja atónita a la oposición. Con media sanción obtenida en el Senado gracias a un pacto con sectores sindicales, el proyecto que recorta derechos históricos de la clase trabajadora se encamina hacia su aprobación definitiva en Diputados. La CGT, dividida entre una conducción negociadora y bases combativas, convoca una reunión de urgencia para debatir un posible paro general, pero su pasividad durante el tratamiento en la Cámara Alta ya generó una fractura interna.
El texto aprobado en el Senado mantiene los puntos más duros: destrucción de la jornada laboral de ocho horas, flexibilización de vacaciones, recorte de licencias médicas y creación del Fondo de Asistencia Laboral que desfinancia el sistema previsional. La negociación colectiva queda bajo ataque con la suspensión de la ultraactividad y la priorización de convenios por empresa sobre los de rama. Los gremios solo lograron mantener la cuota solidaria y los aportes a obras sociales, migajas frente al desmantelamiento general.
En Diputados, la oposición reconoce abiertamente que no tiene los votos para rechazar la reforma. Su estrategia se reduce a ganar tiempo y desgastar al gobierno, enfocándose en artículos polémicos como las licencias médicas -que establecen pagos del 50% o 75% del salario según el origen de la enfermedad- y el FAL que impacta en el financiamiento de jubilaciones. Bloques como Provincias Unidas podrían oponerse a estos puntos específicos, pero no al proyecto general.
La fractura sindical se profundiza. Mientras la conducción cegetista negocia con el gobierno, sectores combativos como el Frente de Sindicatos Unidos y el Plenario del Sindicalismo Combativo ya realizaron paros y anuncian nuevas medidas. La CATT, UOM, Aceiteros y ATE marcharon por separado, mostrando la desconexión entre la cúpula y las bases. La amenaza de una escisión crece ante la percepción de que la dirigencia priorizó mantener estructuras gremiales sobre la defensa de derechos.
El gobierno aprovecha su fortaleza electoral para avanzar con una agenda que incluye además la baja de la edad de imputabilidad y acuerdos internacionales. Milei prepara su decimocuarta visita a Estados Unidos, donde participará de la Junta de la Paz invitado por Donald Trump, reforzando su alineamiento con el régimen Trump. Esta efectividad política contrasta con una economía estancada: la industria opera al 53,8% de su capacidad, los salarios pierden contra la inflación y los conflictos laborales se duplicaron tras las elecciones.
La reforma laboral expone la contradicción entre un sindicalismo que negocia su supervivencia institucional y una clase trabajadora que ve desaparecer sus conquistas históricas. La pasividad de la conducción gremial frente al avance neoliberal podría costarle la representatividad, abriendo espacio para expresiones más combativas que cuestionan la lógica del pacto como única estrategia posible en tiempos de ofensiva patronal.
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