| ★ POLÍTICA | TIERRA PARA EL PUEBLO |
(★) Paraguay.- La lucha histórica por la tierra en Paraguay enfrenta una nueva escalada represiva que expone la alianza entre Estado, agronegocio y narcotráfico.
La Estancia Lucipar, 11.000 hectáreas confiscadas al narcotraficante brasileño "Cabeça Branca", se convirtió en símbolo de la deuda histórica con el campesinado paraguayo. Cuando cientos de familias organizadas intentaron acceder a esas tierras estatales para trabajarlas, la respuesta fue represión brutal: gases lacrimógenos, balines de goma, detenciones masivas y criminalización. El Estado administra tierras decomisadas al crimen organizado como mercancía, mientras el 1% de propietarios concentra más del 40% de la tierra productiva. Esta desigualdad extrema tiene raíces profundas: latifundios históricos, apropiaciones durante la dictadura stroessnerista y la expansión del agronegocio sojero que hoy comparte rutas con el narcotráfico.
La criminalización sistemática se agudizó con la Ley Zavala-Riera de 2021, que convirtió la ocupación de tierra en delito grave. Mientras convoyes de drogas circulan impunes, la policía se muestra "valiente" reprimiendo a familias campesinas. Los medios hegemónicos, vinculados a los mismos intereses del agronegocio, estigmatizan la lucha como "invasión", invisibilizando que se trata de tierras estatales que constitucionalmente deberían destinarse a reforma agraria. La Senabico, encargada de administrar bienes incautados, actúa como custodio de intereses narcos al alquilar y rematar tierras en lugar de distribuirlas.
Esta represión en Lucipar no es un hecho aislado sino la expresión de un modelo que prioriza el capital sobre la vida digna. El campesinado paraguayo sostiene la soberanía alimentaria del país mientras enfrenta desalojos, criminalización y pobreza estructural. Su lucha por la tierra es disputa por el modelo de país: entre un Paraguay para pocos, donde tierra fértil sirve a negocios legales e ilegales, y un Paraguay donde la tierra cumpla su función social. La resistencia organizada, pese a la represión, mantiene viva la esperanza de que otra agricultura es posible: popular, productiva y soberana.
Comunicado de la Federación Nacional Campesina:
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