| ★ POLÍTICA |
(★) Bolivia.- La tensión social escala en el país andino ante medidas económicas que disparan precios de combustibles hasta 160%
La histórica capacidad de resistencia del pueblo boliviano se pone nuevamente a prueba. Las protestas contra el Decreto 5503 del presidente Rodrigo Paz Pereira, que eliminó subsidios a combustibles tras casi dos décadas de políticas de izquierda, han entrado en su segunda semana con enfrentamientos cada vez más violentos. Mineros estatales, tradicional bastión de la lucha social boliviana, se han convertido en la vanguardia de un movimiento que ya suma a campesinos, maestros, trabajadores urbanos e incluso médicos.
El decreto presidencial, justificado como respuesta a una "emergencia económica, financiera, energética y social", ha generado aumentos brutales: 86% en gasolina y 160% en diésel. Para el gobierno, los subsidios eran "insustentables" y causaban déficit fiscal cercano al 13% del PIB, además de incentivar contrabando. Para los manifestantes, es un "castigo social" que golpea especialmente a familias trabajadoras, pues mientras los salarios subieron 20%, los combustibles se dispararon desproporcionadamente.
Los enfrentamientos en La Paz han escalado a niveles peligrosos. Mineros han utilizado cargas de dinamita y petardos contra la policía, que responde con gas lacrimógeno y balines de goma. La Central Obrera Boliviana (COB), principal central sindical del país, lidera las protestas con Mario Argollo al frente, quien advierte que continuarán hasta la revocación del decreto. La movilización incluye ahora huelgas de hambre, ocupaciones de rutas y piquetes en lugares simbólicos.
Más allá de los combustibles, el decreto contiene reformas profundas: crea un régimen extraordinario de protección a inversiones con estabilidad jurídica por 15 años, establece trámites acelerados para proyectos estratégicos y autoriza al Banco Central a contraer préstamos sin aval legislativo. Los críticos ven aquí una "hipoteca del país" que revertiría políticas de soberanía sobre recursos naturales.
La crisis refleja la fragilidad del modelo boliviano tras casi 20 años de gobiernos de Evo Morales y Luis Arce. Paz, presentado como alternativa de centro, enfrenta ahora el desafío de gobernar un país con arraigada tradición de movilización social, donde las protestas populares han derribado gobiernos en el pasado. El fantasma de la Guerra del Gas y la Guerra del Agua planea sobre un conflicto que amenaza con intensificarse en enero.
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