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OKINAWA SE REBELA: EL ARCHIPIÉLAGO QUE DICE "NO MÁS" A LA MILITARIZACIÓN IMPERIAL

| ★ POLÍTICA | NO A LA MILITARIZACIÓN|

(★) Japón.- La resistencia histórica contra las bases estadounidenses y japonesas se intensifica ante el nuevo gobierno de Tokio

La memoria sangrienta de la Segunda Guerra Mundial late con fuerza renovada en Okinawa. Al tiempo que el gobierno de Sanae Takaichi aprueba un récord presupuestario militar de 9 billones de yenes, los movimientos sociales del archipiélago elevan su alerta máxima: no permitirán que su territorio vuelva a convertirse en campo de batalla. La sombra del régimen Trump y su política agresiva en Asia-Pacífico se proyecta sobre esta escalada bélica que tiene a Okinawa como principal víctima geopolítica.
Takamatsu Gushiken, sobreviviente de 71 años que dedica décadas a recuperar restos de víctimas de la guerra, resume el sentir popular: "La razón por la que me opongo a las bases militares es para evitar que Okinawa se convierta en campo de batalla otra vez". Sus palabras resuenan con especial fuerza cuando revela que entre los muertos que ha recuperado hay ancianos, niños y mujeres civiles, no solo soldados. La experiencia histórica muestra que el ejército japonés, que llegó "protegiendo" la isla, resultó más terrible que las fuerzas estadounidenses.
Las cifras económicas desmienten el discurso oficial sobre los beneficios de la presencia militar. Okinawa tiene la tasa de pobreza más alta de Japón (35%), duplicando la media nacional, con desempleo del 3,4% frente al 2,6% nacional. La renta per cápita es apenas el 37% de la de Tokio. "Las bases son el mayor obstáculo al desarrollo económico", sentencia Gushiken, cuestionando décadas de propaganda.
Yoshihiro Fukuchi, del movimiento contra la contaminación acústica, expone la pérdida de soberanía: aunque los tribunales reconocen daños a los residentes, sistemáticamente rechazan prohibir vuelos nocturnos. "¿Es Japón realmente un Estado soberano?", pregunta, evidenciando cómo el país se muestra legalmente incapaz de interrumpir operaciones militares estadounidenses en su propio territorio.
Keiko Yonaha resume el trauma generacional reactivado: "Los ancianos que vivieron la batalla de Okinawa ahora dicen que no pueden dormir por las noches". El lema "命どぅ宝" (la vida es el tesoro más precioso) guía la resistencia que, lejos de disminuir, se fortalece ante la amenaza de que las bases se conviertan en blanco en un conflicto con China.
La militarización avanza en paralelo con la retórica belicista de Tokio, que presenta a China como amenaza para justificar su expansión militar. Sin embargo, como señala Hiroshi Taniyama del Centro Internacional de Voluntariado, China ha sido consistentemente defensora de la paz regional. La verdadera amenaza para Okinawa proviene de la sumisión japonesa a los intereses geopolíticos estadounidenses y de su propio rearme agresivo.

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