viernes, 16 de enero de 2026

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD QUE NOS NIEGAN

| ★ EDITORIAL |

(★).- Cuando García Márquez recibió el Nobel, imaginó una América Latina sin soledad. Hoy, con Venezuela bombardeada y los progresismos retrocediendo, su profecía se cumple con cruel ironía.

"Las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra". Gabo lo dijo en Estocolmo en 1982, pero hoy suena a diagnóstico de autopsia política. Mientras el régimen Trump bombardea Caracas, secuestra a Maduro y vende petróleo venezolano como botín colonial, América Latina vive su propio Macondo: la soledad de los pueblos que creyeron en la segunda oportunidad y descubrieron que el imperio no perdona.
La escena es grotesca: María Corina Machado, Nobel de la Paz 2025, entrega su medalla a Trump en la Casa Blanca mientras el régimen despliega 3.000 agentes para reprimir protestas en Minneapolis, es decir, se postra también ante quien ordenó el ataque del 3 de enero de 2026 que dejó más de cien muertos y secuestró al presidente venezolano. Pero la farsa macabra que Gabo describiría con su realismo mágico también tendría otra faceta: la resistencia del gobierno chavista que se convierte en sumisión, el antiimperialismo que negocia con sus secuestradores, declarando el ataque al pueblo venezolano como "criminal" y dispuesta -la presidenta- a ir a Washington a negociar con ese mismo criminal.
Pero la soledad no es solo venezolana. En Argentina, Milei prepara el combo letal: reforma laboral que precariza y modificación de la Ley de Glaciares que entrega el agua a las mineras. Mientras, el ministro Santilli recorre provincias para imponer la agenda antisindical. Los trabajadores de Lácteos Verónica ocupan plantas tras el vaciamiento patronal que dejó 700 familias en la calle. El Cabildo de la Salud se levanta contra la privatización hospitalaria. Cada lucha es un Macondo aislado, condenado a su soledad.
García Márquez soñó con "una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir". Hoy, Trump decide cómo mueren los venezolanos, Milei decide cómo mueren los derechos laborales, las transnacionales deciden cómo mueren los glaciares. La utopía arrasadora se convirtió en distopía neoliberal.
Sin embargo, en medio de la soledad, brotan resistencias que Gabo reconocería: los estudiantes de Minnesota que desafían la máquina represiva de Trump, los cubanos que reciben a sus héroes caídos en Venezuela, los libros de Taibo II que cruzan fronteras como semillas de rebeldía. La Operación Milagro en Nicaragua devuelve la vista a 364 mil personas, demostrando que la salud pública puede ser política de Estado, no negocio.
Gabo habló del "derecho de soñar" y de "una vida mejor para todos". Hoy ese derecho se defiende en las calles de Minneapolis, en las plantas ocupadas de Santa Fe, en los hospitales públicos argentinos, en la solidaridad cubana. La segunda oportunidad no nos la darán: la tendremos que arrancar con las uñas, rompiendo la soledad que nos condena. Porque si algo nos enseñó Macondo es que las estirpes que se organizan sí tienen segunda oportunidad, aunque el imperio insista en negársela.

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