| ★ POLÍTICA NEOLIBERAL |
(★) Argentina.- El modelo de ajuste neoliberal golpea con crudeza a las economías regionales.
La industria textil argentina atraviesa su peor momento en décadas. Coteminas, otrora líder del mercado de toallas, despidió a 112 trabajadores en apenas 60 días en su planta de La Banda, Santiago del Estero. La empresa que llegó a emplear a 1.200 personas hoy mantiene apenas 400 puestos, y desde el gremio advierten que "no hay ninguna seguridad para los que quedamos". Este ajuste brutal no es un caso aislado: forma parte de una política deliberada de desindustrialización que afecta especialmente a las provincias del interior.
La apertura importadora indiscriminada del gobierno de Javier Milei aparece como el factor central de esta crisis. Al mismo tiempo, la caída del consumo interno y los altos costos energéticos completan un cuadro devastador para las pymes textiles. Las importaciones chinas copan más del 70% del mercado, desplazando producción nacional que durante décadas generó empleo formal en regiones postergadas. La desregulación aduanera y el régimen courier facilitan este ingreso masivo de productos a bajo costo.
En paralelo, otras empresas emblemáticas caen como fichas de dominó. La histórica textil Emilio Alal cerró sus plantas en Goya y Villa Ángela, dejando sin trabajo a más de 250 personas. Grupo Dass, fabricante de calzado deportivo para marcas internacionales, despidió a 43 trabajadores en Misiones y acumula más de 900 despidos desde que asumió Milei. En la Ciudad de Buenos Aires, la marca Cocot enfrenta conflictos salariales tras más de 100 despidos y el traslado de producción a China.
Los números oficiales son contundentes: la producción de calzado cayó 30,9% interanual en noviembre, y la de prendas de vestir retrocedió 11,7%. La utilización de capacidad instalada ronda el 30%, el nivel más bajo de la serie histórica. Desde diciembre de 2023 se perdieron más de 16.000 puestos formales en el complejo textil-confección-cuero-calzado. Esta sangría laboral tiene un impacto social devastador en economías regionales donde la industria textil era principal empleador.
El modelo de ajuste neoliberal muestra su rostro más cruel: sacrifica empleo nacional en el altar de las importaciones baratas y la especulación financiera. La destrucción sistemática del aparato productivo no es un efecto colateral, sino el objetivo central de un proyecto que privilegia los intereses del capital concentrado por sobre las necesidades del pueblo trabajador. La resistencia sindical y la organización popular emergen como únicas respuestas posibles ante este tsunami desindustrializador.

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