| ★ POLÍTICA |
(★) Cuba.- La ceremonia de las campanas resonó por quienes cayeron defendiendo la soberanía bolivariana.
Treinta y dos vidas cubanas fueron segadas en territorio venezolano, víctimas de una operación terrorista que evidencia la escalada intervencionista estadounidense. Estos combatientes, doce de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y veinte del Ministerio del Interior, cumplían misiones de cooperación solicitadas por autoridades venezolanas cuando fueron atacados. El Estado cubano, innumerables organizaciones e instituciones en la isla y los Movimientos de Solidaridad con Cuba rindieron homenaje a estos mártires, señalando directamente la responsabilidad de Donald Trump y Marco Rubio en el envío de los grupos paramilitares que ejecutaron la masacre.
La agresión ocurre en un contexto donde el gobierno fascista de Estados Unidos ha bombardeado ciudades venezolanas y mantiene secuestrado al presidente Nicolás Maduro, quien se declaró "prisionero de guerra" ante un tribunal de Nueva York. Esta ofensiva multidimensional busca quebrar la resistencia bolivariana y castigar la solidaridad internacionalista cubana. Las primeras grietas en la narrativa imperial comienzan a aparecer cuando figuras republicanas y medios dan la espalda al terrorista Trump tras el ataque.
La respuesta popular no se hizo esperar: en ciudades de todo el mundo, convocatorias de solidaridad exigen el cese inmediato de la agresión. El propósito de vincular a Cuba con terrorismo y narcotráfico queda al descubierto como justificación precaria para una intervención que busca controlar recursos petroleros. Estos treinta y dos nombres, ahora publicados para la historia, encarnan el costo humano de la resistencia antiimperialista.
La sangre derramada en Venezuela no es solo cubana o venezolana: es la de todos los pueblos que se niegan a arrodillarse. Cada campanada que suena en su honor es un llamado a la unidad continental contra el terrorismo de Estado que Washington exporta. La solidaridad, como demostraron estos combatientes, se defiende con el cuerpo cuando el imperio apunta sus armas contra la soberanía de los pueblos.


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