| ★ POLÍTICA |
(★) Venezuela.- El ministro venezolano Freddy Ñáñez denuncia el secuestro presidencial como punto culminante de décadas de injerencia imperialista.
La historia venezolana está marcada por la defensa de su soberanía frente a las potencias que codician sus inmensas riquezas naturales. Desde Simón Bolívar hasta Hugo Chávez y Nicolás Maduro, la resistencia contra la Doctrina Monroe ha sido una constante en la lucha por la autodeterminación latinoamericana. El bombardeo criminal contra Caracas el 3 de enero de 2026, que culminó con el secuestro ilegal del presidente Maduro y su esposa Cilia Flores, representa el punto más álgido de esta agresión sistemática.
El ministro de Comunicación Freddy Ñáñez, en una declaración al Movimiento Poético Mundial, desmonta las narrativas fabricadas para justificar la intervención estadounidense. Desmiente categóricamente la existencia del llamado "Cartel de los Soles", calificándolo como un "falso positivo" destinado a crear un pretexto para la agresión militar. Venezuela, según documentación internacional, nunca ha sido un país relevante en el tráfico de drogas, y el 95% de la droga que llega a Estados Unidos transita por el Pacífico, no por el Caribe.
La verdadera motivación, expone Ñáñez con crudeza, es el petróleo. Venezuela posee las mayores reservas certificadas del mundo, además de gas, oro, coltán y una posición geoestratégica privilegiada. Esta riqueza explica los más de veintiséis años de estigmatización mediática, bloqueos económicos, intentos de golpe de Estado y magnicidios contra el liderazgo bolivariano. Las sanciones impuestas durante el gobierno de Trump redujeron los ingresos petroleros en más del 99%, generando un impacto devastador en la población.
El secuestro presidencial ocurre en un contexto donde el gobierno bolivariano mantiene su legitimidad constitucional. La vicepresidenta Delcy Rodríguez asume la presidencia encargada mientras Maduro y Flores son considerados prisioneros de guerra en pleno siglo XXI. Su liberación se ha convertido en causa de unidad nacional y en símbolo de resistencia contra lo que Ñáñez califica como "fascismo moderno". La diplomacia bolivariana de paz enfrenta ahora el desafío de restituir el respeto a la autodeterminación de los pueblos, una lucha que trasciende fronteras y convoca a la solidaridad del Sur Global frente a la nueva doctrina imperial.
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