| ★ POLÍTICA |
(★) Colombia.- Líderes progresistas lanzan declaración de unidad frente a la ofensiva injerencista estadounidense.
La historia de intervenciones foráneas en América Latina se reescribe con tinta fresca. En Bogotá, delegados de más de veinte países han tejido una respuesta colectiva que denuncia lo que llaman "un nuevo Corolario Trump" bajo la bandera de una doctrina Monroe revivida. La Declaración de San Carlos, adoptada este domingo en el Palacio San Carlos, marca un punto de inflexión en la resistencia regional.
El documento final, leído por la diputada uruguaya Bettiana Díaz, expone con crudeza la estrategia del régimen Trump: combina sanciones financieras, bloqueos económicos, injerencia electoral, persecución judicial y acciones militares para condicionar la soberanía latinoamericana. Los ejemplos son contundentes: desde el recrudecimiento del bloqueo contra Cuba hasta la operación militar en Caracas que terminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Al mismo tiempo, mencionan la intervención en procesos políticos de Honduras y Argentina, donde la presión financiera busca limitar elecciones democráticas.
La escalada injerencista incluye ataques a buques civiles en el Caribe y Pacífico, con ejecuciones extrajudiciales de más de cien pescadores. Por otra parte, denuncian los designios expansionistas sobre Groenlandia y la violación sistemática de derechos de más de 50 millones de migrantes latinoamericanos en Estados Unidos. El lawfare aparece como arma de persecución política contra figuras como Lula Da Silva, Rafael Correa y Cristina Fernández de Kirchner, a lo que se suman sanciones contra Gustavo Petro.
Los firmantes advierten que ningún país puede resistir solo la presión del aparato militar y financiero más grande del mundo. En paralelo, proponen construir autonomía mediante cooperación regional, transformando la vulnerabilidad compartida en fuerza colectiva. La CELAC emerge como espacio clave para el multilateralismo sin tutela externa, al servicio de convertir la región en zona de paz.
El poder popular de movimientos sociales, sindicatos y organizaciones juveniles se considera indispensable para complementar la coordinación intergubernamental. La declaración compromete a los participantes a una estrategia común que resista la coacción y proyecte a Nuestra América como fuerza soberana. La próxima reunión en La Habana buscará solidarizarse con Cuba frente a las amenazas estadounidenses.
Esta respuesta coordinada representa un desafío directo al proyecto hegemónico que trata la soberanía latinoamericana como impedimento. La unidad regional, históricamente esquiva, hoy se erige como única defensa viable contra lo que los delegados califican como "emergencia hemisférica". América Latina ya no acepta ser patio trasero de nadie.

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