| ★ POLÍTICA |
(★) Argentina.- La transición demográfica golpea las aulas con una proyección que obliga a repensar todo el modelo escolar.
La Argentina atraviesa una transformación estructural que ya comienza a sacudir las bases del sistema educativo. Según el informe "Presente y futuro de la cantidad de alumnos por docente y por grado" elaborado por Argentinos por la Educación, la matrícula del nivel primario podría desplomarse un 27% hacia 2030, lo que equivale a 1,2 millones de estudiantes menos en las aulas. Este fenómeno responde directamente a la caída del 40% en la natalidad registrada en la última década, un proceso que ya está en marcha y que redefine la composición demográfica del país.
El impacto será desigual en el territorio nacional. La provincia de Buenos Aires liderará la reducción absoluta con 510.433 alumnos menos, lo que representa una caída del 30,5%. En paralelo, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires proyecta una disminución del 34% y Santa Fe del 24,5%. Al tiempo que estas jurisdicciones enfrentan los mayores números absolutos, provincias como Entre Ríos ya muestran particularidades preocupantes: actualmente tiene apenas 12 alumnos por docente y podría llegar a 9 para 2030, configurando un escenario de aulas cada vez más vacías.
El promedio nacional actual de 16 alumnos por docente podría reducirse a 12 estudiantes por maestro hacia 2030. Por otra parte, las aulas con más de 25 alumnos pasarían de representar el 43,5% al apenas 3,9% de la matrícula. En contrapartida, las secciones con menos de 20 estudiantes crecerían del 21,5% al 71%, generando una reorganización total del sistema que implicaría 50.034 secciones menos y unos 71.250 cargos docentes menos si no se produce una transformación profunda.
Los especialistas advierten que menos alumnos por aula no garantizan automáticamente mejor calidad educativa. "Sin aumentar el gasto total, es posible destinar más recursos por estudiante", explica Martín De Simone, coautor del informe, quien señala que la evidencia muestra que si esos recursos se orientan a intervenciones basadas en datos concretos, los aprendizajes pueden mejorar considerablemente. Al mismo tiempo, el riesgo es que la inercia institucional haga perder esta ventana de oportunidad histórica.
El sistema educativo argentino se encuentra ante una encrucijada que exige políticas audaces y planificación de mediano plazo. La transición demográfica, aunque presenta desafíos organizativos mayúsculos, también abre la posibilidad de implementar tutorías personalizadas, parejas pedagógicas y esquemas rotativos que combinen trabajo en aula con capacitación docente. El verdadero reto no será administrar la disminución, sino transformar esta crisis demográfica en una oportunidad para construir un sistema educativo más equitativo y de calidad, donde la redistribución de recursos se convierta en herramienta de justicia social más que en simple ajuste numérico.

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