| ★ POLÍTICA |
(★) Honduras.- La primera mujer presidenta deja una estela de transformación social en un país históricamente marcado por el machismo y la violencia.
La gestión de Xiomara Castro en Honduras, la primera mujer en alcanzar la presidencia, deja un legado feminista complejo que combina avances legislativos significativos con persistentes desafíos estructurales. Al tiempo que su gobierno elevó la Secretaría de la Mujer a rango ministerial y promulgó leyes como la de 'Casas Refugio' para víctimas de violencia, Honduras mantiene una de las legislaciones más restrictivas sobre aborto en la región, prohibiéndolo bajo cualquier circunstancia.
En paralelo a estas reformas institucionales, las cifras de feminicidios durante su mandato revelan una realidad alarmante: 1.221 mujeres asesinadas entre enero de 2022 y diciembre de 2025. Aunque se registró un leve descenso en los últimos dos años, con 240 feminicidios en 2024 y 262 en 2025, la violencia de género sigue siendo una epidemia que cobra una vida femenina cada 33 horas con 26 minutos.
Por otra parte, activistas feministas como Jessica Sánchez señalan que Castro nunca se identificó como feminista, sino que implementó demandas históricas del movimiento de mujeres. "Creo que sí nos quedó a deber en materia de violencia contra las mujeres", afirma Sánchez, quien cuestiona las estadísticas oficiales sobre la reducción de feminicidios.
La transición hacia el gobierno conservador de Nasry 'Tito' Asfura genera temores fundados de retrocesos en los derechos conquistados. La presencia de símbolos provida durante la instalación del nuevo parlamento y las protestas feministas reprimidas por contingentes militares anticipan un escenario preocupante para las mujeres hondureñas.
Castro deja obras sociales significativas: remodelación del Estadio Nacional, reparación de 5.000 escuelas, construcción de hospitales y pavimentación de miles de kilómetros de carreteras. Su gobierno, que se autodefine como "del pueblo, para el pueblo y con el pueblo", implementó políticas sociales como la merienda escolar gratuita para 1,2 millones de niños.
La contradicción entre avances materiales y persistentes violencias patriarcales define este legado. En tanto que se fortalecieron instituciones de protección a mujeres, el sistema neoliberal heredado mantiene intactas las estructuras que reproducen la desigualdad de género. La resistencia feminista, ahora frente a un gobierno conservador, deberá defender lo conquistado en cuatro años de gestión progresista.

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