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EL GOBIERNO CORTÓ EL DIALOGO CON LA CGT Y AVANZA SIN NEGOCIAR LA REFORMA LABORAL

| ★ POLÍTICA |

(★) Argentina.- La central obrera queda al margen del debate mientras el oficialismo avanza, busca apoyo en gobernadores y empresarios.

La historia se repite como farsa neoliberal. Al tiempo que el gobierno de Javier Milei prepara el golpe final a los derechos laborales, la CGT demuestra una vez más su incapacidad crónica para enfrentar con decisión los ataques del capital. A pocas semanas del debate parlamentario clave, el Ejecutivo cerró toda posibilidad de diálogo con la central obrera, pero la dirigencia sindical responde con declaraciones vacías y reuniones estériles.
El régimen libertario decidió marginar completamente a la CGT de las negociaciones sobre aspectos sensibles de la reforma, particularmente el artículo 161 que reduce del 6% al 5% la contribución patronal a las obras sociales. Este recorte significa un desfinanciamiento brutal del sistema de salud de les trabajadores, con pérdidas estimadas entre 679 y 700 millones de dólares anuales. Desde Balcarce 50 hablan de una "penitencia" indefinida para el movimiento obrero, pero la respuesta de la cúpula sindical es patéticamente insuficiente.
Mientras el ministro Diego Santilli recorre provincias asegurando votos entre gobernadores y Patricia Bullrich prepara el operativo legislativo, la CGT sigue de vacaciones. La central que debería estar organizando la resistencia masiva se limita a "recorrer despachos" y amenazar con judicializar la reforma. Una estrategia derrotista que solo beneficia al gobierno. El triunvirato de Jerónimo, Sola y Argüello mantiene su rosca informal con el poder, al tiempo que simula oposición para calmar las bases.
La tibieza es escandalosa. Abel Furlán de la UOM convocó un plenario de gremios que terminó en declaraciones genéricas sin medidas concretas. No hubo convocatoria a asambleas en los lugares de trabajo, ni plan de lucha, ni siquiera una primera jornada de protesta. Solo fotos y palabras huecas. 
El contraste es brutal entre la inacción de las cúpulas y el rechazo masivo de millones de trabajadores que ven cómo esta reforma los precarizará aún más. "No tiene nada bueno", "nos van a precarizar todavía más", "estamos en contra, hay que salir a las calles", dicen les trabajadores en la Plaza de Mayo. Pero sus dirigentes no escuchan.
Milei avanza implacable con su proyecto de flexibilización laboral, al mismo tiempo que la CGT juega al acting opositor. La izquierda y sectores combativos plantean el único camino posible: acciones directas, asambleas en cada lugar de trabajo, movilización masiva que rodee el Congreso y paro general activo. No hay tiempo para protocolos ni negociaciones de escritorio. El gobierno y los Rocca le declaran la guerra a la clase trabajadora; la respuesta no puede ser un desfile ordenado ni declaraciones de prensa.
La historia juzgará con dureza esta complicidad pasiva. Mientras el neoliberalismo avanza su agenda de ajuste, la burocracia sindical prefiere mantener sus privilegios antes que organizar la resistencia. Les trabajadores necesitan construir sus propias herramientas de lucha, fuera de las estructuras domesticadas que hoy demuestran su bancarrota política. El momento exige coraje, no tibieza.

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