| ★ UN DÍA COMO HOY |
(★).- Seis décadas y media después de su vil asesinato, la figura del líder congoleño sigue inspirando luchas anticoloniales y movimientos juveniles que defienden la soberanía africana.
El 17 de enero de 1961 marcó uno de los crímenes políticos más significativos del siglo XX. Patrice Lumumba, primer ministro de la República Democrática del Congo recién independizada, fue ejecutado tras un golpe orquestado con participación directa de agentes belgas. Su cuerpo sufrió la última humillación colonial: desenterrado y disuelto en ácido, conservándose solo un diente de oro como macabro trofeo que tardaría décadas en ser devuelto a su familia.
La respuesta histórica de Lumumba durante la cerimonia de independencia en junio de 1960 rompió el silencio colonial. Frente al discurso paternalista del Rey Balduino de Bélgica, denunció las humillaciones y el racismo estructural: "Sabíamos que en las ciudades había casas magníficas para los blancos y barracos en ruinas para los negros... conocimos sufrimientos atroces". Su postura de no alineamiento y la búsqueda de soberanía sobre los recursos minerales, incluyendo el uranio usado en Hiroshima y Nagasaki, sellaron su destino en el contexto de la Guerra Fría.
Hoy, 65 años después, su espíritu resurge en múltiples expresiones de resistencia. Jóvenes belgas afrodescendientes se reúnen en Bruselas para honrar su memoria junto a otros líderes revolucionarios, condenando el capitalismo, el imperialismo y el colonialismo que aún persisten. En eventos deportivos como la Copa Africana de Naciones, hinchas congoleños se transforman en estátuas vivientes que evocan su monumento, demostrando cómo el mensaje de independencia y dignidad trasciende generaciones y ámbitos sociales.
La lucha de su hija Juliana por justicia refleja la herida abierta: "Nadie fue responsabilizado. Todos concuerdan que hubo un crimen, pero nadie lo cometió". Mientras el Congo continúa sufriendo la explotación de sus vastos recursos minerales y la violencia en el este del país, la relevancia de Lumumba permanece dolorosamente actual. Su legado sobrevive no solo en la memoria histórica, sino en las nuevas generaciones que reclaman soberanía, justicia y el fin de todas las formas de dominación neocolonial.

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