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(★) Venezuela.- La Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberanía de Nuestra América cerró con un manifiesto que huele a revolución sur-sur y desafío frontal al orden imperial.
Tras dos días de debates con delegados de más de 50 países, el documento aprobado en Caracas es un misil político directo al corazón del intervencionismo estadounidense. No se andan con chiquitas: proponen romper el bloqueo con producción propia, crear rutas comerciales alternativas y sistemas financieros que escapen del dólar. Caracas se consolida como ciudad de encuentro permanente, tendiendo puentes entre la ALBA-TCP y los BRICS+.
La vicepresidenta Delcy Rodríguez, con esa mezcla de temple y provocación que la caracteriza, dejó claro que Venezuela "no se asusta" ante el despliegue militar yanqui en el Caribe. Mientras dos aviones F-18 estadounidenses sobrevolaban espacio aéreo venezolano por 40 minutos esta semana, Rodríguez contrastaba las doctrinas de Bolívar y Monroe, calificando a este último de racista, esclavista y expansionista.
El manifiesto rinde homenaje a la resistencia cubana de seis décadas y rescata la "coherencia ética de Fidel Castro como referencia para las luchas actuales". Pero va más allá: establece compromisos concretos como construir soberanía cognitiva frente a la guerra mediática, declarar la paz como "territorio a conquistar" y denunciar cada base militar extranjera en la región como "espina clavada".
Organizativamente, la Asamblea demanda crear una Alianza Mundial de los Pueblos en Defensa de la Soberanía y la Paz, con sede permanente en Caracas que sesionará dos veces al año. También instalan un Sistema Mundial de Defensa de la Verdad y un Plan Mundial de Acción contra la Militarización.
Mientras en Oslo la derecha intentaba "montar un show" con el Nobel de Paz a María Corina Machado -calificado por Rodríguez como "premio manchado en sangre"-, en Caracas se tejía la arquitectura de un nuevo internacionalismo. Los pescadores venezolanos, según la vicepresidenta, faenan en el Caribe "ejerciendo soberanía política y económica" sin temer a "ningún poderío militar".
Venezuela pretende convertir la presión imperial en oportunidad para articular un bloque sur-sur que piensa en monedas alternativas, rutas comerciales propias y soberanía mediática. Mientras Washington juega a la intimidación militar, Caracas construye alianzas continentales. La batalla por la narrativa y la geopolítica se libra en múltiples frentes, y Venezuela parece decidida a ganarla desde la articulación popular.
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